Santa Cruz de Tenerife

Chácaras

31/ene/06 21:21 PM
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AQUILINO HACE CHÁCARAS, a golpe de escoplo o de punzón o de menudísima azuela, que no sé como se llaman exacta y profesionalmente los instrumentos que maneja. De las manos y de la paciencia de Aquilino surgen unas chácaras perfectas, brillantes, suaves al tacto, de una sonoridad antigua, solemne o divertida, según quien las sepa manejar y de qué modo las maneje. Las chácaras son, me parece, las castañuelas revestidas de ancestral seriedad. Se puede decir "más alegre que unas castañuelas", pero las chácaras, en circunstancias, pueden llegar a encogerte el corazón con la misma facilidad con que te invitan a dar brincos y a hacer cabriolas y contorsiones.

Aquilino, cuando se lo encargan, solamente cuando se lo encargan, también le mete mano a las morteras. Morteras de mucho peso, de mango breve y culo alto, de unos cuantos y generosos centímetros.

-Ni las morteras ni las chácaras deben quedarse en adornos- me comentó un día Aquilino. Tienen su función. Y el que no ha comido un potaje de berros en una mortera, no puede decir que lo haya comido verdaderamente.

Asentí, porque llevaba razón el enjuto artesano de barba blanca y cerrada y sombrero negro, de fieltro, echado sobre las pobladas cejas surcadas por hebras canas. La mortera, por más que se lave, si su uso es el adecuado, guarda siempre un resto tenue de los aromas de los mojos y potajes que contuvo. Y esas esencias impregnan, cada vez más y mejor, los nuevos y cálidos condumios que en ella se depositan.

A Aquilino le pregunté, hace días, si él se consideraba un artista, por aquello de que nuestro Gobierno autónomo ha sacado una campaña publicitaria en la que equipara la artesanía isleña al arte. Arte único, reza la propaganda, que siempre viene bien a estos hombres y mujeres de manos habilísimas y gestos precisos.

- ¿Artista..? -me respondió- Si fuese un artista, sabría hacer otras cosas. Qué se yo. Barcos, bustos de personas humanas, vaquitas de madera de cedro? Cosas así. Yo hago solamente lo que sé hacer: chácaras y morteras. No me saque usted de ahí, cristiano. Y sé hacer eso porque lo mamé de mi padre, como mi padre lo aprendió de mi abuelo. Esta es una tarea que me entretiene, aunque también le digo que, a veces, me aburre, porque siempre es igual. No tiene mayor importancia. Pero, sí, seguramente, los únicos que consideran arte a lo que hacen los artesanos son los que se asombran -¿por qué?- frente a las tradiciones manuales trasmitidas de generación e generación.

La publicidad institucional tiene esas vainas. Por ejemplo, que el vigésimo segundo Festival de Música de Canarias, sea, en los anuncios y carteles, el veintidós. Una forma de señalar muy poco culta, si quieren que les diga.