Santa Cruz de Tenerife
CARLOS SOLER LICERAS Y JULIÁN HORCAJADA OLIVA *

El agua en La Gomera

12/ene/08 14:08 PM
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El Plan Hidrológico de La Gomera constituye un ejemplo de cómo una isla puede s datisfacer su demanda de agua de una forma sostenible y con el mayor respeto hacia el medio ambiente. En ninguna otra isla de este Archipiélago se han conseguido estas dos premisas -sostenibilidad y respeto- de forma tan clara y eficaz como en La Gomera. La clave de este éxito ha estado determinada por una clara y total apuesta por el agua subterránea.

La isla de La Gomera comenzó buscando el agua en la escorrentía de los barrancos. Fruto de esta política hidráulica fue la construcción de treinta grandes presas como La Encantadora, Amalahuigue, Los Chejelipes, Mulagua, etc. Estas grandes obras hidráulicas, junto con las construidas en Gran Canaria, lograron que ambas islas se erigiesen en las zonas con mayor densidad de presas del mundo. Colosales obras hidráulicas que, debido al carácter torrencial, esporádico y exiguo de las aportaciones, sólo consiguieron dar un porcentaje del caudal de agua que necesitaba la isla. Igual sucedió en las demás islas. En algunas como Gran Canaria se consiguió un poco más, tampoco mucho, pero en otras como en Tenerife el fracaso fue estrepitoso: Los Campitos, El Río y el Plan de Balsas, este último como captador y almacenador de agua de escorrentía, así lo atestiguaron.

A comienzos de la década de los noventa la situación del agua en La Gomera era especialmente dramática. Las capitales municipales, enclavadas generalmente en la costa y demandando la mayor parte del abasto urbano, se debatían entre la escasez y la mezquina calidad de las aguas que aportaban los pozos salinizados, como los de San Sebastián y Valle Gran Rey. Los núcleos altos no presentaban mejor situación: Chipude, Erques, Igualero y tantos otros que desde siempre se habían abastecido con los nacientes, se encontraban en esa fecha con un caudal que apenas cubría sus exiguas necesidades y comenzaron a producirse problemas de orden público. Por su parte, la agricultura y su demanda de agua para riego no se encontraba tampoco mejor. En municipios como Hermigua, la escasez hacía que se debatiera el agua entre el consumo urbano o el agrícola. Y fue en estos momentos, con esa situación tan tensa y dramática, cuando el Avance del Plan Hidrológico de La Gomera propuso un cambio drástico en la política hidráulica insular.

El cambio que se proponía era nuevo en la isla: abandonar la captación de aguas en los barrancos por la perforación de captaciones de agua subterránea. Un cambio tan drástico necesitaba dos premisas fundamentales: una amplitud de miras en los responsables públicos, suficiente para decantarse valientemente por las innovaciones, y una demostración práctica de que esa solución era posible. Las dos cosas se dieron en La Gomera: los políticos insulares rápidamente obtuvieron un presupuesto que se utilizó en perforar sondeos, emplazados allí donde estaban los problemas de desabasto más acuciantes. Con la obtención de agua pronto se demostró que el cambio de política hacia la captación del agua subterránea era la solución más barata, más rápida y la que menos impactaba sobre el paisaje insular.

Los sondeos que se realizaron, Enchereda, Benchijigua, Erques, Las Palomas, etc., no sólo demostraron que en el subsuelo de La Gomera hay agua de excelente calidad y en cantidad suficiente, sino que también se utilizaron para dar desde ellos el suministro a todos los núcleos de población, acabándose con ello la situación dramática y los problemas entre municipios. A la vez se fue elaborando el Plan Hidrológico Insular (PHI) en el que, como primera medida, se definía una zona de reserva, aquella que alimenta los nacientes de la isla, y donde nunca se deberá perforar para que así permanezcan invariables el número y el caudal de agua de los nacientes del Parque del Garajonay.

En poco más de una década, y siguiendo las directrices del PHI, se encontró el agua subterránea necesaria y se construyeron las redes de tuberías que hoy en día siguen dando el abastecimiento de todos los núcleos de la isla, construyéndose dos grandes trasvases que, captando el agua subterránea del sur y una vez satisfechas allí las necesidades, los excedentes se transportan hacia el centro y norte de la isla. Uno a través del Macizo de Enchereda, que suministra a San Sebastián, Hermigua y Agulo, y otro que, cogiendo el agua en Erques y en el barranco de Guarimiar, la conduce hasta Alajeró, Vallehermoso y Valle Gran Rey. Siempre bajo el lema "el agua se saca de donde la haya y se lleva a donde haga falta", en La Gomera se ha demostrado que esta premisa es tan simple como eficaz.

En el momento actual y financiado por el Ministerio de Medio Ambiente, se están perforando dos galerías que sustituirán a los sondeos como método más barato y seguro de satisfacer los caudales. De ellas, la galería de Ipalán, ubicada en Barranco Seco, se está perforando para dar el agua a la mitad oriental de la isla. Después de poco más de un año y tras perforar 1.700 metros en seco, se acaba de alcanzar el acuífero, obteniéndose un agua que, una vez analizada por el prestigioso Laboratorio Oliver Rodés de Barcelona, la convierte en una de las mejores de Canarias en calidad. Tal y como se señala en el análisis, es de mineralización débil, residuo seco 224 mg/L, bicarbonatada sódica y por sus contenidos en calcio y magnesio se clasifica como agua blanda. De acuerdo con el Real Decreto 1074/2002, el agua se puede calificar como agua mineral natural. Por ello se puede decir que el agua del futuro abastecimiento de esa mitad oriental de La Gomera se hará con agua de calidad similar a las embotelladas, un lujo que muy pocos lugares en el mundo pueden permitirse.

Es más, la excelente calidad del agua obtenida ha hecho que el Cabildo Insular plantee montar una planta embotelladora, aprovechando no sólo la calidad sino también la disposición de la galería. Gracias a la técnica de los cierres en los diques volcánicos perforados por la galería, se extrae del acuífero sólo el agua que se necesita en cada momento, el resto que no se saca se emplea en reponer el acuífero, logrando con ello tres importantes beneficios: se evita el despilfarro del agua que suponen las galerías abiertas, ahorrándonos las balsas de regulación que necesitan en Tenerife; se usa al acuífero como si fuera un embalse, extrayendo y reponiendo, y, por último, gracias a ese verdadero enjambre de diques en los acuíferos, se logra elevar la altura del agua haciendo que los caudales se puedan suministrar a cotas más altas que la boca de la galería.

Al igual que las demás islas, La Gomera comenzó buscando el agua en los barrancos, pero, al contrario que Tenerife y La Palma, abandonó para siempre esa solución por aleatoria y demasiado dependiente del año pluviométrico, pero también se diferenció de Gran Canaria, El Hierro, Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura, no quiso desaladoras de agua de mar porque no quiere que su agua dependa de la precaria existencia o del abusivo precio del petróleo. El resultado está a la vista: La Gomera tiene el agua solucionada por tiempo ilimitado, con una calidad igual a la de las aguas embotelladas, con una solución natural basada en captar el agua bajo tierra, una tecnología que los canarios saben como nadie más ha llegado a saber en este mundo y que ahora La Gomera pueda convertirse en un ejemplo a seguir no sólo en este Archipiélago sino también en cualquier otro de los infinitos archipiélagos que hay repartidos por todos los océanos de este mundo.

La Gomera ha resuelto el abastecimiento de agua con una solución sostenible, barata y ecológica. ¿Alguien más puede decir lo mismo?

* Directores del Plan Hidrológico de La Gomera