Santa Cruz de Tenerife
EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO M. GONZÁLEZ *

La dignificación del profesorado

29/feb/08 19:20 PM
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NO PRETENDO hacer una crítica y, mucho menos, enjuiciar la huelga del profesorado de la semana pasada. La huelga es un derecho. Pero cuando se trata de funcionarios o empleados públicos, la Administración pública debiera hacer todo lo posible e imposible por evitarla y llegar a un acuerdo; puesto que, en estos casos, la perjudicada no es la "patronal" -el Gobierno de Canarias-, sino personas totalmente ajenas al conflicto: los alumnos y sus padres. Aunque, curiosamente en esta ocasión, los profesores contaron con el apoyo de la mayoría de los padres. Utilizo el genérico por razón de agilidad.

La educación debe tener un lugar prioritario en un programa de gobierno, lo mismo que la sanidad y la seguridad, porque son los tres pilares básicos sobre los que se fundamenta el desarrollo, progreso y, como consecuencia, bienestar de una país. Más aún, a mi modo de ver, cualquiera de estos tres sectores debiera ser objeto de política de Estado, mediante un pacto o consenso entre las diversas fuerzas políticas y sociales, buscando el "bien común" de todos los ciudadanos. Es cierto que esto que escribo es "políticamente incorrecto", pero no es menos cierto que hay muchos ciudadanos de "a pie" de los que contribuyen a Hacienda que piensan así. Aunque tengo mis dudas de que en nuestro país algún día estará bien visto, o sea "políticamente correcto", pensar de forma coherente, sensata y utilizando el sentido común. No voy a entrar en política, que no es mi tema, y menos todavía en estos días de campaña electoral.

La sanidad y la seguridad, que también afectan a la familia -vaya si afectan- las dejo para otro día. Ya que lo que pretendo hoy es insistir en algo que se da por sabido: la importancia y trascendencia de la educación. En esto me parece que todos estamos de acuerdo, algo que se sabe. Pero coincido en lo que siempre insistía el malogrado profesor Juan Antonio Vallejo-Nájera: "En España lo que se da por sabido, por lo general, nunca se hace". Prueba de ello, es que en los últimos años se han elaborado varias leyes, reformas y contrarreformas educativas con unos resultados con nota de "muy deficiente". Pero lo que está por hacer es solucionar el desastre educativo de nuestros alumnos y mejorar o elevar el nivel de su educación integral, que en muchos casos ha descendido a niveles insospechados. No hay más que ver las estadísticas -de las que no soy muy partidario- y los informes de diversos organismos internacionales de reconocida solvencia. Por los que, después de cuarenta y dos años de docencia, personalmente siento vergüenza.

La figura clave y fundamental, junto con los padres y los alumnos, en la mejora y en el éxito del sistema educativo, es en primer lugar el profesor. Por ello, es necesario la dignificación y refuerzo social de los profesores, mediante una carrera docente en la que se reconozcan sus méritos educativos y profesionales; y, junto a eso, una justa retribución para que puedan vivir con la suficiente holgura y puedan dedicarse, en exclusiva o por entero, a su labor docente. En Canarias, además, hay que tener en cuenta el coste de la insularidad, que cada vez es mayor. En Finlandia, que en educación está a la cabeza de Europa, ser profesor es una de las profesiones con más prestigio y sueldo del país.

En España, basta echarle un vistazo a las cabeceras de los periódicos, para darse cuenta de que la violencia escolar en todas sus vertientes es un hecho manifiesto, así como la creciente indisciplina en algunos de nuestros centros está alcanzando cotas insoportables; incrementada por la creciente desestructuración familiar, la crisis social de valores y el creciente fenómeno de la emigración.

Como consecuencia, es necesario devolver al profesor el prestigio, el protagonismo y la autoridad que debe tener. Fortalecer y respaldar la autoridad del director, del jefe de estudios y, sobre todo, del profesor en el aula, en el patio de recreo o donde sea necesario. Un profesor sin autoridad no tiene sentido, como he argumentado en mis últimas columnas, pero necesita para su consolidación el apoyo por parte de la Administración pública, de los padres, de la sociedad y de los medios de comunicación.

Este tema da para mucho, porque también es mucho lo que nos jugamos en la educación de nuestros hijos. Como decía al principio, el desarrollo y bienestar de un país, la convivencia en paz y democracia dependen del modelo y ejemplo educativo que demos a nuestros jóvenes, desde muy pequeños, para que logren llegar a ser buenas personas y buenos ciudadanos: libres, responsables, trabajadores y honrados. Hay que enseñar y educar, hay que dignificar la figura del profesor, ya que tiene una tarea nada fácil: educar o enseñar. Pero no hay nada más apasionante y hermoso, e incluso relajante, que enseñar. Si se hace con gusto, autoridad y cobrando lo justo; si se sabe lo que se enseña; y se conoce de verdad al que se enseña, con el que se puede mantener un dialogo respetuoso, amistoso y enriquecedor. Esta labor docente ha sido mi experiencia más gratificante.

* Orientador familiar

fmgszy@terra.es