La Palma

Lepanto, la batalla que hace grande a Barlovento

Una marea humana presenció ayer, en medio del ruido de los cañones, el olor a pólvora y una inmensa polvareda, la tradicional recreación alegórica que enfrenta a turcos y a cristianos y que termina con la victoria de los segundos.
D.M., Barlovento
11/ago/08 6:47 AM
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En medio del estampido de los cañones y de un fuerte olor a pólvora, Barlovento celebró ayer su batalla más grandiosa, la Batalla de Lepanto, que fue seguida por una inmensa marea humana que disfrutó mucho con esta representación alegórica teñida de ingenuidad y gracia, pese a recrear un enfrentamiento cruento, y que cada tres años se repite en el marco de las fiestas patronales en honor de la Virgen del Rosario. Debido a su importancia, el Cabildo, a instancias del ayuntamiento, ha iniciado este año el expediente para declararla Bien de Interés Cultural.

Y es que Barlovento es el único municipio canario que conserva esta fiesta naval que conmemora la histórica batalla de 1571. Las continuas luchas entre los isleños y los piratas que arribaban a la Isla parece ser el origen de este acto, que inicialmente se celebró en Santa Cruz de La Palma y que con el tiempo sólo ha perdurado en Barlovento debido a que la patrona del municipio fue nombrada por el Papa, en 1571, protectora de la expedición española en la Batalla de Lepanto.

La representación tuvo lugar en el margen derecho del barranco del Pilón. Desde media tarde, en el castillo musulmán ondeaba la bandera roja con la media luna, mientras la tropa turca prestaba guardia a esta fortaleza, hecha de palos de monte y papel pintado. En el simulado mar, de repente, se ven avanzar las velas blancas de un barco cristiano, a cuyo mando va don Juan de Austria. Después se produce un diálogo entre el castillo y la nave, que termina con una batalla naval y el abordaje de la marinería cristiana, que acaba con la flota musulmana. Sólo queda la toma del castillo, defendido por los moros. Se producen explosiones de artillería, la lucha cuerpo a cuerpo, la toma de prisioneros y el izado de la bandera española a los sones del himno nacional. Los musulmanes, heridos y encadenados, son llevados prisioneros a la iglesia, donde los aguarda la Virgen en la puerta. Entran todos en el templo y los musulmanes se convierten al catolicismo, para luego salir acompañando a la Virgen. Una bella representación que se debería retocar para hacer más visible la batalla naval que se desarrolla detrás del castillo, y que la gente no ve, y para evitar la lentidud de algunos momentos.