Santa Cruz de Tenerife
JOSÉ VICENTE GONZÁLEZ BETHENCOURT

Cho Vito. ¿Y el mamotreto de Las Teresitas?

12/oct/08 07:21
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A quienes pateamos las costas canarias para descubrir y disfrutar sus encantos, que son muchos, nos fastidia encontrarnos tanta basura de todo tipo y los más variopintos vertederos obra de humanos egoístas y desaprensivos. También nos molesta tropezar con un excesivo volumen de construcción, máxime si además nos impide el paso y paseo por el litoral junto al mar, un derecho irrenunciable de todos los ciudadanos, que tenemos que soportar el mal gusto en general de dichas construcciones y su descarado afán especulativo. Además del dolor que le supone a nuestra ya de por sí sufrida retina tener que contemplarlos, encima tenemos que desviarnos o interrumpir nuestro paseo cuando ocupan el espacio irrenunciable de propiedad pública entre la tierra firme y el mar, un territorio que siempre debe ser respetado de construcción, salvo justificada necesidad para el servicio público como los puertos.

Si lo que encontramos son unas casitas blancas de puertas y ventanas azules o verdes, autoconstruidas en muchos casos delante de cuevas centenarias, pues también nos fastidia, pero no tanto, las aceptamos, y casi siempre allí paramos, y de paso disfrutamos sus fiestas, kioscos, verbenas y tradiciones marineras. Son esos poblados o caseríos de la costa que han acabado identificándose e incorporándose al paisaje natural, recuerdo en muchos casos de antepasados que los habitaron. Es el caso de Cho Vito en Candelaria. Y como este pueblo costero, cientos en toda la costa canaria, en los que personalmente he disfrutado tanto, sintiendo la compañía de buena gente y las caricias del mar. Cho Vito ha sido demolido en aplicación de la Ley de Costas, tras el oportuno expediente tramitado cuando mandaban el Partido Popular y Coalición Canaria, algunos de cuyos concejales actuaron ahora de plañideras.

Aplicado todo el peso de la Ley, y más en Cho Vito, ahora tiene que ampliarse a todos los casos por igual, no menos. Entiendo el sentimiento de frustración de sus treinta y un familias, y el dolor desgarrador cuando, impotentes, asistieron al derribo de sus pertenencias y su historia. Me ha dolido ver las escenas por televisión, y me he puesto en el lugar de los afectados. Pero acato y soy respetuoso con una Ley, la de Costas, emanada de la soberanía popular, que pretende consagrar la disponibilidad pública de todo el litoral. Pero tanto como me ha impresionado el derribo de Cho Vito, una decisión judicial, que no un capricho de nadie en particular, me duele que no se hayan demolido antes, por ejemplo, los horrorosos hoteles implantados en las desprotegidas dunas de Corralejo, de la querida Fuerteventura, en cuya playa de Gran Tarajal pasé cuatro felices años de mi niñez. Y me duele que antes no se derriben tantas y tantas construcciones que dañan el paisaje de nuestro litoral.

Y aunque se trate de un caso diferente, pregunto: ¿para cuándo el derribo de ese esperpento de mamotreto que ha usurpado junto a la santacrucera playa de Las Teresitas el histórico campo de fútbol de San Andrés?. Cada vez que paso a su lado me da un dolor de barriga que no me lo quita ni el pescadito de Igueste, Suculum o San Andrés. Pero, ¿cómo se ha podido construir esa mole tan bárbara, fea, repelente y agresiva, en una zona que es servidumbre de protección y de probable dominio público marítimo-terrestre, al parecer sin las imprescindibles y obligadas autorizaciones? Y ahora, ¿qué hacemos con ese mamotreto que está en el punto de mira de la Justicia, porque presuntamente ha podido cometerse un delito de prevaricación urbanística y del territorio, dado que el proyecto del mamotreto ha sido modificado sin autorización, y en base a ello se solicitan imputaciones? Y por cierto, ¿dónde están las plañideras de CC y PP?

jvicentegbethencourt@yahoo.es