Santa Cruz de Tenerife
COMENTARIO DE EL DÍA

Una Justicia justa y decente

10/jul/10 07:40
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SENTIMOS profundamente volver a hablar de la Justicia. Antes de seguir con nuestras impresiones nacidas de la verdad, de la lógica y del respeto al tercero de los tres poderes establecidos en su día por Montesquieu -que no ha muerto a pesar de Alfonso Guerra, el "mejor" ignorante del PSOE- queremos manifestar, o manifestamos, que la Justicia, contrariamente a lo que en su día dijo Pedro Pacheco, no es un cachondeo. La Justicia es algo muy serio que, sin embargo, sí se están tomando a cachondeo algunos jueces o juezas. Tenemos un gran respeto por la Justicia porque hemos sido justificados por ella y también hemos sido muy injustamente sentenciados por los tribunales, aunque todos los casos adversos los hemos apelado y los mantenemos apelados.

La Justicia, como la mujer del César, no sólo ha de ser justa sino parecerlo; es decir, demostrarlo. No vamos a repetir ahora con detalles la desestimación de una querella penal que interpusimos por flagrantes insultos, calumnias y difamaciones contra José Rodríguez por parte de un profesor de la ULL. Ya sabe el lector que lo apelamos y la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha dicho que prosiga el proceso. Es decir, que se admita a trámite nuestra querella, porque el que la hace la debe pagar si es que la Justicia entiende que se ha cometido delito.

Un caso muy similar está ocurriendo con otra denuncia interpuesta por José Rodríguez y por EL DÍA contra una periodista de Las Palmas que fue la que comprometió a cinco magistrados para poner en marcha la embestida de la Justicia contra EL DÍA y contra José Rodríguez. Una periodista que también incitó al Parlamento de Canarias -una institución que debe ser respetabilísima, pero que no lo es en la actualidad por culpa de las decisiones que ha adoptado- para que reprobara a EL DÍA. Una reprobación que, en un arrebato orgásmico político, quiso leer y leyó María del Mar Julios; diputada que quiere repetir en los comicios de 2011. ¡Dios, pon tu mano! Contra esa periodista, que hoy tiene un alto cargo en un periódico de Las Palmas, interpusimos una querella criminal por calificar a José Rodríguez, en varios de sus artículos, de terrorista de kale borroka, borracho, talibán, misógino, chabacano, cateto, machista y alimaña, además de verdugo, infame y hasta opresor. Juzgue el lector la categoría de los insultos y el decreto de la jueza de instrucción que consideró oportuno el sobreseimiento libre y el archivo de estas actuaciones con expresa imposición de las costas a la parte querellante; es decir, a José Rodríguez. ¿Qué opinan los lectores? ¿Qué opinan los miembros de la Justicia de esta miembra -no es una incorrección llamarla así, según la Bibiana Aído- sobre esta disposición execrable que diría el ilustre magistrado Eligio Hernández? ¿Es para tomarlo a cachondeo o es para llorar por la Justicia?

¿Por qué decimos esto hoy? Ante todo, porque confiamos en la Justicia. Confiamos en que quienes están por encima de los jueces y juezas dignifiquen una institución que siempre lo ha sido. Antes, ninguna miembra del cuerpo judicial vivía amancebada con un sujeto ruin, fracasado y resentido, que intenta ridiculizar a diario a José Rodríguez. Lo intenta, pero no lo consigue. No puede porque José Rodríguez siempre ha sido una persona respetable que nunca ha regentado, por ejemplo, un bar de dudosa reputación, ni mucho menos ha metido en su casa a una barragana. En cualquier caso, no nos duele ese sujeto que pronto caerá preso, pues en breve estará listo un informe técnico que hemos encargado sobre sus burlas a nuestro editor. Entonces no lo podrá salvar ni su más fiel amor. Lo que realmente nos duele es que una señora vestida con la toga de jueza -la toga de juez o de jueza es la vestimenta más honorable que puede llevar una persona- dicte sentencias por la vía de la emosión. Pensábamos que las barraganas, las antaño consentidas queridas de los curas o los seminaristas fracasados, eran un asunto del pasado. Parece que nos equivocamos. Esperamos no equivocarnos también cuando decimos que confiamos en la justicia de la Justicia.

Hoy no hemos hablado de la independencia de Canarias, sino de la independencia que deseamos para la Justicia, porque aspiramos a una Justicia carente de influencias injustas.