Santa Cruz de Tenerife
JUSTICIA

Gürtel: un futuro pendiente de cinco votos

Javier Marín, Valencia, EFE
21/ene/12 10:18 AM
eldia.es
Francisco Camps visto en el circuito de televisión interno./EUROPA PRESS

Francisco Camps y Ricardo Costa viven a partir de hoy pendientes de cinco votos a favor de un jurado que podrían salvar su recuerdo político y sostener su futuro, o de siete votos en contra que les convertirían en culpables y borrarían su proyecto profesional.

Una vez concluida la vista oral contra el expresident de la Generalitat y el ex secretario regional del PP, ahora le toca a los nueve ciudadanos que componen el tribunal popular decidir si son autores de sendos delitos continuados de cohecho impropio por aceptar regalos de la trama "Gürtel".

Según prevé la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado, son necesarios cinco votos para que los acusados sean absueltos, y siete para ser declarados culpables.

Acordar un veredicto no es una empresa tan sencilla como en ocasiones proyectan las producciones cinematográficas estadounidenses. Los tiempos, el proceso y hasta el formato dialéctico son distintos: en España, se declara al acusado "culpable" o "no culpable"; y no "inocente" o "culpable".

El primer paso de la resolución corresponde al magistrado presidente del jurado -en este caso Juan Climent-, quien debe narrar en párrafos separados y numerados los hechos, diferenciando además entre los que resultan contrarios y favorables a los acusados.

También tiene que precisar el hecho delictivo por el que deben ser declarados culpables o no culpables.

Pero antes de entregar su escrito a los jurados, tiene lugar una pequeña pero intensa batalla jurídica entre la acusación y la defensa, ya que sus representantes pueden solicitar la inclusión de nuevos párrafos sobre los hechos o la eliminación de algunos con los que no estén conformes.

Las miras de este trámite van más allá del fallo del jurado. Los letrados pelean por incluir sus alegaciones pensando ya en un posible recurso que será visto por un tribunal profesional, que en este caso es el Supremo.

Concretado el veredicto e instruidos los ciudadanos, llega el momento de deliberación, que se realiza en una sala expresamente habilitada para ello, de forma secreta y a puerta cerrada, según establece la Ley.

A puerta cerrada supone que los miembros del jurado no pueden comunicarse con nadie hasta que hayan emitido un veredicto, e incluso sus descansos deben ser autorizados por el juez.

Los jurados deben votar cada uno de los párrafos que describen los hechos, declarándolos probados o no probados. Lo hacen uno a uno y en voz alta, y nadie puede abstenerse.

Después viene la votación clave, el momento en el que los nueve ciudadanos que componen el tribunal popular tienen que declarar si Camps y Costa son o no son culpables. Siete votos para condenarles y cinco para absolverles, decisión que se descubre en una lectura pública.

La Ley Orgánica establece una serie de supuestos que permite al juez invalidar este veredicto y ordenar que se repita este proceso, como que no se haya alcanzado la mayoría en alguna de las votaciones o que sus pronunciamientos sean contradictorios.

Si el magistrado tiene que devolver el veredicto en tres ocasiones y los defectos permanecen, el jurado será disuelto y se celebrará un nuevo juicio oral con un nuevo tribunal popular.

No obstante, si todo sigue su cauce normal, tras la lectura del veredicto sólo restará la sentencia, que será absolutoria e inmediata si son declarados no culpables.

En caso contrario, es decir, si el jurado considera que la trama Gürtel pagó trajes y otras prendas de vestir a Camps y Costa, los acusados deberán aguardar la pena observando cómo se estrecha su horizonte político.