Santa Cruz de Tenerife
CARLOS ALONSO

En elogio de un tinerfeño

H
13/abr/14 23:55
Edición impresa

ubo un tiempo en que los barcos llegaban a Canarias impulsados por la fuerza del viento. O del vapor. Los años primigenios en los que se estaba construyendo lo que luego sería nuestro pasado. Casi desde el principio de esos tiempos germinó en esta isla una clase ilustrada preocupada por un país canario construido desde el protagonismo de las islas.

La isla fue la base sobre la que se construyó todo. Por eso fueron, tras las juntas generales, los Cabildos. Ellos hicieron el camino de Canarias a lo largo del siglo pasado. Y amar a la isla, defenderla con entereza y con pasión, lejos de ser un defecto era considerada una virtud y casi una obligación para un tinerfeño bien nacido.

Es de justicia reconocer que en la trayectoria de EL DÍA es posible encontrar ese material con el que se construye la grandeza de Tenerife. Una vocación de servicio incondicional a Tenerife y a sus habitantes. En cada momento el periódico ha sabido transformarse en la voz de esta sociedad y el fiel guardián de los intereses de los tinerfeños, desde la defensa de la grandeza de su universidad a la de su agricultura, desde su agua hasta sus puertos. Por sus páginas han pasado en diferentes épocas las mejores firmas de personajes comprometidos con esta isla que sirve de excusa para que de ella surja la grandeza de el Teide.

José Rodríguez Ramírez ha sido el editor de uno de los periodos históricos más complejos en la historia de las islas. EL DÍA no sólo ha mantenido su compromiso con la información al servicio de los tinerfeños sino que ha participado activamente en el respaldo de la Isla cuando ha sido necesario defender sus esperanzas o sus derechos. Como el hidalgo de Nivaria que era, como el amigo del país de Tenerife que era, como Medalla de Oro de la Isla que era, José Rodríguez supo defender sin complejos a los tinerfeños de todos los rincones, por muchos de los cuales pregonó las fiestas patronales.

Sus ideas políticas sobre una Canarias independiente, plasmadas en la línea de EL DÍA, jamás interfirieron en el trabajo informativo, riguroso, aséptico, separado de los contenidos editoriales al más puro estilo del periodismo anglosajón. En los momentos más complejos, en los días difíciles, cuando de alguna manera el futuro de Tenerife estaba comprometido, una gran obra en la Isla amenazada o alguno de sus derechos ignorado, primero la información del periódico llevaba a los lectores el conocimiento puntual del acontecimiento y después la opinión del periódico salía siempre en defensa de Tenerife.

oy se utiliza el término insularista casi como una descalificación. Pero mal canario es el que no ama primero a su isla para poder amar después a todas las demás. La historia de Canarias está protagonizada por el antagonismo feroz entre las burguesías de Gran Canaria y Tenerife. La lucha por la preponderancia de una de las dos cocapitales canarias está escrita en el código genético de esta tierra. Pero en los peores momentos de enfrentamiento, los ilustrados canarios, los notables, los comerciantes... fueron capaces de unir sus fuerzas para conseguir las mejores condiciones para la vida y la prosperidad en las Islas.

Como político no comparto muchas de las críticas que a veces leo en las editoriales de la prensa. Discrepé, también, de algunas de las opiniones de José Rodríguez y su visión de las cosas. Pero nunca dejé de reconocer en su persona la de un tinerfeño íntegro de los pies a la cabeza, honesto con sus ideas. Si defender a Tenerife es un pecado, José Ramírez será declarado culpable por la última justicia que mide la grandeza de las almas.

Descanse en paz un tinerfeño.

*Presidente del Cabildo de Tenerife