Santa Cruz de Tenerife

"Yo no soy de ningún colectivo okupa"

Un residente del edificio ocupado de la calle El Drago, en Barrio Nuevo, niega que allí vivan 30 personas y relata que acabó en el inmueble debido a una concatenación de infortunios.
D. Ramos
9/ene/17 6:19 AM
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E s la otra cara de la ocupación de viviendas en Barrio Nuevo, la misma que ha llevado en las últimas semanas a la crítica y la alarma vecinal. Después de las quejas desde la zona y la referencia a un edificio de tres alturas, uno de sus residentes niega que allí vivan 30 personas, sino solo tres, y asegura que él poco tiene que ver con la contracultura. "Yo no soy de ningún colectivo okupa", repite varias veces.

Prefiere no dar su nombre completo. Criado en La Verdellada y de 26 años, relata que fue una concatenación de infortunios lo que lo llevó a abandonar el hogar familiar y a colarse en este inmueble deshabitado, con cuyos vecinos de las cercanías sostiene que no ha tenido problemas. Según explica, ha permitido que tres familias con problemas se alojen allí y, por el contrario, ha hecho frente a personas conflictivas que trataban de entrar.

En su versión destaca que, en la medida de sus posibilidades, ha ido reparando los desperfectos que existían y que hay limpieza en el interior. Solamente, según muestra, en la planta baja se acumulan algunos elementos inservibles a la espera de poder deshacerse de ellos, mientras que en la segunda reside otra inquilina y en la tercera es en la que se queda él, en un piso que tiene decorado con motivos orientales.

"Estoy en contra de que se ocupen casas particulares", indica, antes de argumentar que si él ha tenido que hacerlo es porque no le queda otro remedio al no encontrar trabajo porque padece problemas de salud. Sea como fuere, admite que, hasta donde él sabe, son pocos los casos en el barrio que tienen que ver con este tipo de ocupaciones, en contraposición a la reivindicativa.

Cinco años de residencia en el edificio de la calle El Drago

El inquilino más antiguo del número 30 de la calle El Drago, en pleno corazón de Barrio Nuevo, indica que lleva allí cinco años, para lo que muestra viejas facturas de compra de comida a domicilio. Según apunta, le han dicho que el dueño del edificio murió y que a sus herederos no les era rentable aceptar esa propiedad por las cargas que les iba a suponer. Su piso no difiere demasiado de uno normal.