Santa Cruz de Tenerife

El monasterio de las monjas irreductibles en Tailandia

Gaspar Ruiz-Canela, Phra Prathon (Tailandia), EFE
12/abr/18 11:12 AM
eldia.es
Dhammananda camina entre aspirantes a novicias./Gaspar Ruiz-Canela (EFE)

Como la aldea gala de Astérix y Obélix, el monasterio de monjas budistas Songdhammakalyani se mantiene irreductible ante la oposición de las autoridades tailandesas, que se niegan a reconocer oficialmente a la orden monacal femenina.

El ruido de los coches de la autovía no perturba la paz de las aspirantes a novicias, que practican los rituales para su ordenación en el monasterio, situado en la provincia de Nakhon Pathom, colindante con Bangkok.

Las candidatas, vestidas de blanco, desfilan junto al estanque del centro religioso y practican los rezos en una sala bajo una gran estatua budista, un día antes de ordenarse temporalmente como novicias, una práctica vetada hasta hace poco a las mujeres.

Songdhammakalyani realiza las funciones de cualquier templo en Tailandia, pero no puede denominarse así porque las monjas o "bhikkhunis" no son reconocidas por el Consejo Supremo de la Sangha, máxima autoridad budista, ni el Gobierno.

"No estamos reconocidas por las autoridades, pero no somos ilegales. No nos han reconocido aún, pero tendrán que hacerlo en el futuro", explica Dhammananda, la primera mujer ordenada en Tailandia como monja theravada, la escuela mayoritaria en el país.

La religiosa, de 73 años, es optimista, al recordar que en 1983 no había ninguna monja theravada en Tailandia y en la actualidad hay unas 270 en todo el país, 30 de ellas en Songdhammakalyani.

"Yo fui ordenada en el año 2001 y fui la primera, ahora, 17 años más tarde, ya tenemos 270 'bhikkhunis' ordenadas (...) El número está creciendo de una manera rápida y se han extendido al menos en 30 provincias", afirma.

Sin embargo, Dhammananda reconoce que su situación "alegal" les impide recibir ayudas del Gobierno o exenciones fiscales como otros templos de monjes o "bhikkhus".

Debido a la oposición por la jerarquía de la "sangha", como se conoce al monacato budista, las novicias tailandesas que quieren ordenarse como "bhikkhunis" de forma permanente tienen que hacerlo en Sri Lanka o en India.

Las autoridades religiosas alegan que la orden "bhikkhuni" nunca existió en Tailandia y que desapareció en la rama budista theravada hace siglos, por lo que no es posible su reinstauración según el reglamento.

La religiosa opina, no obstante, que es más importante hacer honor a una institución establecida por el mismo Buda que las consideraciones normativas.

Las autoridades tailandesas sí reconocen a las "mae chi", un tipo de monja no consagrada que no puede dirigir rituales y que suele ayudar en las tareas domésticas en los templos.

Según las escrituras budistas, la primera mujer ordenada por Buda fue Mahapajapati, su tía materna y quien lo crío tras la muerte de su madre, y otras 500 mujeres del palacio donde nació el fundador del budismo.

La orden de las "bhikkhunis" se extendió por gran parte de Asia y hacia el siglo XII había desaparecido dentro de la corriente theravada, aunque no en la escuela mahayana arraigada en países como China, Japón, Corea o Vietnam.

En 1927, las hijas de un político tailandés trataron de revivir la orden femenina tras ser ordenadas por varios monjes, pero fueron detenidas temporalmente y obligadas a colgar los hábitos.

El liderazgo de la "sangha" prohibió al año siguiente la ordenación monjas en el país, directiva que sigue vigente.

Tres décadas y pico más tarde, la madre de Dhammananda, Voramai Kabilsingh, fundó el monasterio Songdhammakalyani y en 1971 fue ordenada como monja dentro de la rama mahayana en Taiwán.

Aunque el monasterio conserva elementos mahayana, como un gran estatua dorada de Budai o de la bodhisattva Guan Yin, en la entrada, las monjas del centro siguen la doctrina y el ritual theravadas.

En el monasterio, las aspirantes se preparan para seguir la vida monacal durante nueve días, con estrictas reglas como no comer tras el mediodía, raparse la cabeza y vestir la túnica anaranjada, aunque alguna de ellas pueda decidir quedarse en la orden de forma permanente.

"Me siento en paz, relajada y orgullosa de ser mujer y poder ordenarme aquí", señala Pimnalin Chunhawiriyakul, una profesora de inglés de 35 años y aspirante a novicia.

Tradicionalmente, solo los varones podían ordenarse temporalmente y dedicar parte del mérito a sus madres, pero ahora este monasterio rebelde permite a las mujeres dedicarse en cuerpo y alma a seguir los pasos de Buda.