Sociedad

Voluntario por convicción

Luis de la Paz deja atrás una complicada situación personal, con once años en el desempleo, a la hora de repartir solidaridad hacia los más necesitados porque le gusta "ayudar a la gente".
J.D.M.
7/ene/19 6:29 AM
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J.D.M.

D e entrada, una declaración de intenciones: "Soy voluntario porque me gusta ayudar a la gente". La frase resume la actitud ante la vida de Luis de la Paz González. Tiene 53 años y lleva la friolera de once en el paro. Supera esta complicada situación personal con la ayuda que presta a los que están todavía más necesitados que él. Lo hace desde la labor solidaria en la ONG Sonrisas Canarias, a la que llegó hace ya cinco años, después de estar en otras organizaciones similares con sede en la capital tinerfeña.

Luis de la Paz nació en Santa Cruz de Tenerife, en concreto en el barrio de Somosierra, donde reside actualmente junto a su esposa, María del Carmen, también voluntaria de Sonrisas Canarias y asimismo parada de larga duración como él.

EL DÍA dialogó con Luis, un hombre grande con pinta de bonachón mientras se afanaba en colocar los lotes de juguetes que serían luego repartidos en la sede de la ONG, en Valleseco, con motivo del Día de Reyes. Asegura que le da "mucha pena ver la situación en la que está la gente que hace cola ahí fuera por algo de comida, pero, sobre todo, ver las caras de los niños y su alegría cuando reciben un juguete o los alimentos que repartimos cada semana".

Niega que la gente se haya acostumbrado a la caridad como modelo cotidiano de vida: "Hay mucha necesidad, tal vez menos que hace unos años durante la crisis, cuando fue algo brutal y generalizado, pero sigue existiendo gente que se ha quedado atrás, sobre todo por no encontrar un puesto de trabajo. No digo que no haya algo de picaresca, pero es la mínima expresión".

Lo asegura quien observa semanalmente situaciones auténticamente dantescas: "No me gusta estar de cara al público, hago una tarea más oscura, de dentro de almacén. Pero claro que te enteras de cosas duras y de situaciones de extrema gravedad, aunque algo más duro que lo mío, con once años ya en el desempleo, resulta difícil de encontrar".

Luis explica: "Desanima ir a poner currículos y que siempre te digan lo mismo. Por cortesía es habitual eso de ya te llamaremos, pero incluso hay sitios donde directamente ya me han rechazado. Y me dicen que lo voy a tener muy complicado por mi edad. Aunque yo no me resigno y sigo buscando un trabajo". Luis "le mete mano a todo", aunque recuerda que "mi último empleo fue en una gasolinera".

Luis Febles, el "jefe" en Sonrisas Canarias, alaba su labor: "Muy eficaz, buena gente, buena persona, sensible, trabajador y disponible a cualquier hora. Eso es lo que le interesa a cualquier ONG y también, por supuesto, a la nuestra. En su caso ha recibido, al igual que sus compañeros, una formación para desarrollar esta labor tanto de carácter genérica como específicamente respecto a la Protección de Datos. Ha estado en otras organizaciones y aporta su experiencia con nosotros".

También ahonda Febles en la situación personal de Luis y su pareja, María del Carmen: "Los dos llevan mucho tiempo en el paro y cobran la PCI, una ayuda social que durante los dos últimos meses del año ha estado parada por la necesidad de una nueva tramitación. Tiene mucho mérito que saquen fuerzas para ayudar al prójimo siempre con buena cara y predisposición".

Luis de la Paz lo tiene claro: "Voy a seguir mientras pueda y cuenten conmigo". Sus razones son de peso: "Ayudar a los demás no tiene precio y ver las caras de quienes pasan necesidad cuando reciben la ayuda solidaria tampoco".

"Jo, jo, jo"

Ese "Jo, jo, jo", la típica expresión de Papá Noel, "lo borda" Luis. Y de paisano, sin disfrazarse. Cómo será con la barba blanca y la ropa roja. No en vano ha ejercido de Santa Claus en muchas ocasiones por causas solidarias -muestra con orgullo una prueba grabada en su teléfono móvil- y con la ayuda de su peculiar físico. En una de esas caracterizaciones conoció a su tocayo Luis Febles, presidente de la ONG Sonrisas Canarias, y surgió una vinculación que llega hasta hoy. Aquel día Luis animaba la calle La Noria frente al restaurante El Guachinche de Peter, que se especializó hace unos años en dar comidas solidarias gratuitas para ayudar a la gente. "Conocía al propietario del bar, Pedro de la Rosa, y me lo planteó".