Carnaval

Carlos Gustavo, la rumbera de Candelaria

Esposo, padre de una niña, profesor de Primaria, coreógrafo, pero, en especial, carnavalero, tradición que aprendió en su casa. Este año presta su imagen al cartel.
H. Gonar;
22/mar/19 6:29 AM
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Carlos Gustavo, la rumbera de Candelaria

H. Gonar;

C arlos Gustavo Morales (Candelaria, 1980) es la imagen del cartel anunciador de las carnestolendas en su pueblo natal. Dos objetivos se ha trazado: presentar lo bien que se lo pasa un hombre de Candelaria cuando se disfraza de mujer y conseguir que el pueblo acuda disfrazado al coso de mañana, de Punta Larga al casco.

Con cinco años, Carlos Gustavo militó en la murga infantil de la Villa Los Metropolinos, a la que estuvo vinculado hasta los trece, cuando volvió a sacarla Efraín Medina, siendo animador sociocultural del Centro Cultural de la Villa. Con 18 años entró a formar parte de la comparsa adulta Tropicana de Candelaria, proyecto que lideraron el propio Efraín Medina y Fran Romero, una etapa gloriosa, donde la formación de cuerpo de baile era sinónimo de premios de Interpretación y Ritmo y Armonía. Tras militar en ella siete ediciones, pasó a formar parte de ballet, grupos escénicos, y hasta del ballet de la gala de la reina de Santa Cruz que preparó Geni Afonso.

Ya en el año 2009 recibió la invitación de Ezequiel Dibelo, coreógrafo de Cariocas, para sumarse a las filas de la comparsa de Valleseco, y hasta la fecha. Aunque en algunas ediciones no haya estado vinculado al cien por cien en todo el show, como a él le gusta decir, ha hecho algunas colaboraciones.

Por encima de todo, Carlos Gustavo es un personaje del Carnaval de Candelaria. Un carnavalero que con un disfraz y un megáfono deja atrás la seriedad del profesor del colegio del Puertito de Güímar, donde imparte clase. "No tenía el carné de conducir y ya me disfrazaba de mujer con los trajes de noche de mis tías y una peluca". "Soy un hombre que se disfraza de mujer", aunque en días como el de hoy, que se celebra la gala, admite que da rienda suelta a larumbera ultraperiférica en la que hace tres años se convirtió por Carnaval con un diseño de Eduardo Martín Quintero que guarda como oro en paño. "Nos lo hicimos toda la familia, en diferentes colores", precisa.

"Quiero reivindicar a los candelarieros que se han disfrazado de mujer", reitera, con un poco de magua porque el concurso en el que participaba, Pibe, vístete de Piba,este año no se celebra por la falta de concursantes de la edición anterior. Pero lejos de quedar en el olvido, tanto la alcaldesa de Candelaria, Mari Brito, como el concejal de Fiestas, Manuel González, le propusieron que su imagen sirviera para promocionar la fiesta de la máscara 2019, que está dedicada al mundo del cine. Entre otros elementos del séptimo arte, ahí aparece Carlos Gustavo en su papel de rumbera periférica, el personaje que caracteriza por convertir en humor, y despertar carcajadas, con un verbo fluido, inteligente y cercano.

Cuando se le pregunta quién o cómo define a Carlos Gustavo, lo tiene claro: "El hijo de Nina y Carmelo, el hermano de Abraham, y profesor del Puertito", por más de que en la retina de muchos esté ese joven divertido que eleva al grado de espectáculo las anécdotas del pueblo.

Esta noche, sin concurso Pibe, vístete de piba, estará como maestro de ceremonia de la gala, responsabilidad que compartirá con Roberto Herrera y Marcelo Kauffman. Junto a sus ocupaciones diarias, añade la responsabilidad que ha desempeñado durante una primera etapa de siete años y otra de dos, tras un paréntesis, en Tropicana infantil como coreógrafo. Pero más allá del baile, le ha movido inculcar a los niños la pedagogía y la pasión por el Carnaval, algo que no se aprende, sino con lo que se nace. Su caso.