Criterios
MARÍA DEL PINO FUENTES DE ARMAS

Ser guardia civil en Melilla

17/mar/14 1:04 AM
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Es que aquí no pasa nada, oiga. En España se habla y se insulta y no pasa nada. El tema de Melilla es un ejem plo, una ciudad española situada en el noroeste de África, rodeada por Marruecos y por el Mar Mediterráneo, donde los inmigrantes sin papeles condensan todas sus esperanzas de llegar a Europa tras un camino de meses o años desde el África subsahariana tratando de cruzar a Europa, saltando una barrera física, una valla cuyo propósito es dificultar la inmigración ilegal y el contrabando comercial. Muchos llevan meses vagando por el continente africano, viviendo en la miseria mientras se preparan para el gran salto. Están desesperados, llevan días escondidos en un lugar infame, el monte Gurugú en Marruecos, analizando cómo sortear a la Policía fronteriza marroquí, por dónde traspasar la verja y sin miedo a los golpes o a la lucha cuerpo a cuerpo que tendrán que librar contra las policías. Van dispuestos a todo, el mismo miedo y el anhelo de un mundo mejor -el hambre-, les hace fuertes y temerarios, por lo que luchan con todas sus fuerzas por alcanzar su objetivo, el lograr entrar en territorio español. Pero resulta que hay fronteras, leyes internacionales, tratados, etc., que reglan el tránsito de las personas y que son de obligado cumplimiento.

Creo que coincidirán en apuntar que la inmigración clandestina no se frena con fronteras, -la existencia de mafias organizadas y las cifras de los "sin papeles" así lo confirman-, y que urge contribuir al desarrollo de África. Pero esta certeza no exime a la Guardia Civil de cumplir con su trabajo cotidiano de vigilar y defender nuestras fronteras. La Benemérita no es -ni debe ser- un simple comité de bienvenida, sobre todo cuando se trabaja bajo la presión de no saber en cuál de los turnos laborales les está esperando una piedra, una navaja, o una avalancha de personas jóvenes -fuertes en algunos casos-, que en su desesperación se arrojan ciegos a luchar por su objetivo. En mitad del barullo del asalto el agente tiene que salvaguardar la frontera pero también su integridad, y para ello usa la porra y la pistola de balas de goma como medidas disuasorias. Por eso no es de justicia que cada vez que se produce un asalto masivo, media España clame por la ortodoxia humanitaria acusándoles de emplear la fuerza, tachándoles incluso de totalitarios y racistas, de "ese residuo franquista", a la vez que exigen que actúen de forma eficaz pero no violenta, que apuesten por el diálogo entre civilizaciones y toda esa parafernalia. En resumen, que esas voces creen que trabajar en la verja de Melilla es el mejor de los destinos para un agente de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Comparto criterio en cuanto a que toda violencia es antidemocrática, pero a muchos de los que claman por los derechos humanos, hablan de represión policial, solicitan comparecencias, investigaciones y cabezas para ser guillotinadas, a muchos, reitero, me gustaría verles una semana destinados en ese paraíso, pues, "valla" aparte, Melilla es una ciudad con gran encanto, una torre de Babel en la que se mezclan lenguas y dialectos, olores y sabores. Allí la Guardia Civil está comprometida en la defensa del perímetro fronterizo -tarea en la que colabora la Policía marroquí que usa medidas coercitivas más violentas y contundentes-, pero aún así son muchos los indocumentados que logran entrar y que vagan desolados, heridos y desorientados por sus calles. La solución al problema no la tiene un modesto agente, este cumple con su obligación en horas de servicio poniendo en riesgo su vida y haciendo, la mayoría de las veces, una labor humanitaria que no se reconoce. Tampoco está en el envío de policías antidisturbios para reforzar la seguridad, ni en esa demagogia barata de aquellos que acusan de violentos a los que el Estado ordena y faculta para defender sus fronteras.

MARÍA DEL PINO FUENTES DE ARMAS