Criterios
JOSÉ MARÍA LIZUNDIA

Catherine Deneuve, la nueva Marianne

16/ene/18 6:16 AM
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Todo estalla en un mundo muy representativo, de gran colorido y mucho brillo, en donde las pasiones, vanidades, ambiciones y recompensas son mucho mayores que en cualquier otro lugar del mundo. Son Hollywood y el cine la meca de las oportunidades, las apuestas más fuertes, el éxito fulgurante, la riqueza, el endiosamiento. Allí se crean los dioses y las diosas, y nadie teme el lujo, el derroche; es donde los fines devoran los medios, y el cálculo y propósito actúan libérrimos. Conozco la catedral de Los Ángeles de Moneo y no hay nadie en los confesionarios. Aporto otro dato: no hay ningún control para entrar o salir de la ciudad. Rigen la libertad individual y el precio que la gente esté dispuesta a pagar por sueños y ambiciones. Nada que ver con la industria textil de Bangladesh, la vida en Afganistán, las aldeas de Nigeria, los arrozales de Camboya, los latifundios de Brasil, los suburbios de medio mundo?, lugares llenos de mujeres sin margen de renuncia y huida. ¡Más respeto y vergüenza! ¿Qué campo de estudio es ese de Hollywood y desde cuándo? Ahora descubrimos que Hollywood es como ya sabíamos que era. ¿Existe parecido trato entre el mismo género o no hay homosexualidad en Hollywood? En la civilización del espectáculo, Hollywood en realidad se une para generar espectáculo de sí mismo: ¡atesora tanta vanidad y sofisticación! Todo es comedia, melodrama, drama, pero sin tragedias, que estas quedan para Bangladesh o Eritrea. El lujo y la opulencia siempre discriminando.

Echo en falta a las mujeres, como algunas amigas que se ríen de los hombres más que de ellas, sacan partido, son muy divertidas (están en el cine, la literatura, incluso en la vida) y jamás han ido de víctimas. Ocurre una cosa con ellas: que se representan a sí mismas. No imagino que admitan a grupos de activistas (feministas) de ideas minimalistas, casuística deshilachada y balbuciente, ansia de tiro fijo, obsesionados con liberar a los demás, no de respetar la igualdad, diversidad y libertad de las mujeres. Cuando las mujeres van dominando todas las esferas y rebasan objetivamente en coraje y responsabilidad a los hombres.

El puritanismo calvinista americano encapuchado y el progresismo apostado en su última trinchera (la gobernación de moralistas policiales) comparecen coaligados con extremismos religiosos que momifican la mujer.

Gracias, Catherine Deneuve, y las "Marianne" del manifiesto, que no conciben la igualdad sin libertad, ni aceptan a la mujer-niño tutelada por tantos ahora: esa tenebrosa sociedad del hielo y el negro.

JOSÉ MARÍA LIZUNDIA