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TESTIGO DE CALLE JUAN CRUZ RUIZ

César Manrique abraza la energía de Vegueta

7/abr/19 6:37 AM
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En una entrevista que le hizo la inolvidable Maisa Vidal en el desaparecido periódico tinerfeño que fue La Tarde César Manrique decía que entre los lugares de Canarias que mayor energía le daban uno era el barrio de Vegueta, de Las Palmas de Gran Canaria.

El recorte está, entre otros, en la extraordinaria exposición que el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) le dedica al artista que, en el siglo XX, más energía le dio a Canarias. César Manrique era un artista y un ciudadano; al arte le llegó desde Famara, donde corría "como una cabra loca" para gastar la energía que le venía de fábrica. Cuando tuvo edad de canalizar ese caudal enorme de fuego y de rabia y de imaginación y de generosidad, se hizo pintor de todas las cosas, y con todos los estilos. Hasta que del abrazo del mar pasó al abrazo a la tierra, cuyo subsuelo hizo genial y habitable.

No tardó en sentir que todas esas energías que le duraron hasta su muerte, el mediodía más triste de Lanzarote, el 25 de septiembre de 1992, habrían de tener, aparte del que le convenía a su espíritu de creador, una consecuencia civil, un compromiso con la isla que amó. Y no fue leyenda que, con su amigo Pepín Ramírez, sentados ambos junto a una cueva maravillosa y rodeada de pobreza, concibió un porvenir que no han podido romper los depredadores a los que odió con toda su alma.

La exposición del CAAM, concebida como homenaje y como resumen de una vida verdaderamente maravillosa, llena por tanto también de sinsabores, es reflejo de su lucha extraordinaria. No hubo en la vida de César un momento de descanso, ni de su cuerpo ni de su espíritu. Su alma también trabajaba de noche, en las tinieblas en las que viven los peces y los sueños, y a partir de ese torrente de lava y de fuego y de espuma y de ideas concibió un mundo que ya es, como justamente titula el CAAM, el Universo Manrique.

No sólo convirtió su imaginación en el territorio en el que cabe su universo mental, artístico, tan poderoso, sino que dejó, para que su historia no se interrumpiera con su muerte, una fundación, la Fundación César Manrique, que por fortuna ha añadido valor a su legado, poniéndolo en su sitio, mimándolo. Hoy puede decirse que, entre los artistas canarios que marcaron el siglo XX, y todos los siglos, me atrevería a decir, César Manrique es el que más calor recibe.

El frío del olvido no ha caído sobre César Manrique. La Fundación y esta exposición en el CAAM son testimonio de ese ardor guerrero que César exhibió en vida y que le sigue tras su muerte.

Esta exposición muestra esa energía. La vi sobrecogido por la memoria que dejó en nosotros la presencia de Manrique, en todas las circunstancias de la vida. Escuché ahí sus gritos a favor del paisaje, en contra de la depauperación a la que quisieron someterla los defensores del turismo venga como venga, vi en algunos de los murales que le envió por correo a su amigo Pepe Dámaso el aire juguetón con el que creó alegría y puso en marcha el fuego de su imaginación, contemplé la energía surrealista, lávica, sensual o sentimental de su pintura, me expliqué, en algunos de sus primeros cuadros, incluso en sus gestos, hasta qué punto nunca dejó de existir aquella energía que le dio Famara.

César fue un artista popular, porque fue al encuentro de la gente. Pudo haberse quedado en los sillones de las casas que inventó, la de Tahiche, la de Haría, pudo haber sido un engreído que hablaba del pueblo sin rozarse con él, pero acudió a todas las fiestas y a todos los actos a los que lo invitaran pescadores o campesinos, e inauguró su manera de abrazar Lanzarote con un monumento al campesino, precisamente.

Recuerdo cuando Elfidio Alonso, de los primeros que dio noticia de todos estos milagros de César, llegó a El Día con una serie de noticias sobre el despliegue de esta energía. Ahora que he visto en Vegueta este abrazo de César al fuego de la vida me ha venido a la memoria, también, el modo que tuvo el artista de ser de la tierra siendo también de otros mundos.

TESTIGO DE CALLE JUAN CRUZ RUIZ