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ELISEO IZQUIERDO*

El regreso de Pereira Pacheco (con Viera)

11/abr/19 6:39 AM
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Ha vuelto a La Laguna, con su mirada de escudriñador atento y un punto de ironía y desencanto en las pupilas. Para el simbólico regreso eligió una tarde genuinamente lagunera: crepúsculo gris, nubes que aunque ya habían vertido sobre la ciudad lluvia suficiente para limpiar y dejar lustrosos tapias y paredones, seguían ahí, amenazantes, tal un rebaño de vellones oscuros arracimados; los termómetros marcando sólo trece grados; viento frío, desapacible, colándose por calles y callejas. Una tarde de abril para que reverdecieran los viejos refranes olvidados. Ni a propósito para acoger entre los cálidos muros de la Económica la atildada aunque sobria figura del prebendado irrepetible.

Fue un reencuentro lleno de emotividad. Arropado por amigos leales -los de la Real Sociedad- y parientes un tanto lejanos ya en el tiempo (la sexta generación) pero cercanos en los afectos, como lo evidenciaron las palabras estremecidas levemente por la evocación de su portavoz, Piedad Hernández Zoido, al recordar los avatares del lienzo con la efigie de su ilustre antepasado, el enigmático señor de las llaves, como lo conocían y llamaban los pequeños de la casa madrileña donde permaneció el lienzo largos años, en alusión a las que mantiene un tanto misteriosamente en su mano derecha en el retrato que entregaba en nombre de la familia a la bicentenaria institución.

Pereira volvía a La Laguna y lo hacía en compañía de uno de sus mejores mentores y amigos, don José de Viera y Clavijo, otra personalidad irrepetible, con quien Pereira tuvo fecunda relación amistosa; el notario gráfico de La Laguna y, aun más, del Tenerife de su tiempo, junto al grande y primer articulador de nuestro pasado histórico. Viera y Pereira, dos figuras estelares de un siglo de historia de Canarias todavía no bien conocido, sobre el que queda mucho por desentrañar, mucho que desvelar y comprender de su profundo entramado.

El acto, una sesión histórica, como la definió con acierto el director de la corporación Dr. José Carlos Alberto Bèthencourt, se hizo coincidir con la entrega a la Económica, con todos los honores, de la biblioteca personal del recordado periodista y poeta Luis Álvarez Cruz. Acaso nada refleja mejor la personalidad y el talante de un escritor que el repertorio de libros de los que se nutre y tiene a la mano en su tarea diaria. Del cariño y del mimo con que el periodista lagunero cuidaba sus libros, medio millar de ejemplares, avalados muchos con expresivas dedicatorias de sus autores, habló con el mayor de los afectos su hija Manola Álvarez de Armas, quien subrayó la particular estima que le tenía su padre a la obra del príncipe de los periodistas canarios, que entregaba en aquellos momentos a la Económica tinerfeña.

El manuscrito que encabeza el legado de la familia Álvarez de Armas bien vale un comentario, aunque sea brevísimo. Se sabía de su existencia por el propio Viera pero no de en qué manos se encontraba. La propia Manola Álvarez dijo ignorar cómo llegó hasta las de su padre. Se halla en excelente estado de conservación. Lo componen ciento once páginas en cuarto, escritas por el arcediano con su característica caligrafía inconfundible. Está encuadernado en holandesa y fechado en Gran Canaria el año 1800. Su título, largo, es muy expresivo de la mentalidad de la Ilustración, dentro de la que Viera tan bien navegaba, y de sus afanes por extender la educación y los buenos modales en el pueblo. Dice así: La moral de la infancia, obra traducida libremente en redondillas de la que compuso en cuartetos franceses Carlos Morel y acomodada al estudio de la primera juventud, con arreglo a la quinta edición hecha en París año de 1800. Por D[on]. J[osé]. V[iera]. C[lavijo]. El insigne historiador tuvo además el detalle de ilustrarlo con un grabado adherido a continuación del título, de probable autoría canaria, que reproduce en interpretación un tanto libre el tema del lienzo La educación de la Virgen del artista flamenco Pedro Pablo Rubens (1577-1640), como comentó el historiador del arte Juan Alejandro Lorenzo Lima en el curso de su disertación sobre la figura y la obra de Pereira, con especial atención, en el análisis, al retrato que recibía la Económica, pintado por A. Vázquez en 1817, poco después del regreso del prebendado de su aventura americana como paje del obispo don Luis de la Encina, y a las peculiaridades del manuscrito de Viera y Clavijo que donaban a la Real Sociedad las hijas y nietas del recordado periodista.

Tarde auténticamente lagunera, también en el ámbito de la cultura y del patrimonio cultural.

*Cronista oficial de San Cristóbal de La Laguna

ELISEO IZQUIERDO*