Economía
RIESGOS A LA VISTA QUE CUESTIONAN LA EXPANSIÓN INCERTIDUMBRE SOBRE LA ECONOMÍA GLOBAL

Washington perturba el crecimiento

La guerra arancelaria, las sanciones al crudo iraní, el apoyo al 'brexit' y a los eurófobos, y el ascenso de los déficits de Estados Unidos atenazan el producto interior bruto (PIB) mundial.
Javier Cuartas
3/mar/19 6:35 AM
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Javier Cuartas

El presidente de EEUU, Donald Trump, decidirá si vuelve a decretar el cierre de la Administración pública federal tras los 35 días de clausura (la más larga de la historia en el país) que interrumpió de forma provisional el 25 de enero y que tuvo un coste para la economía del país, según la Oficina Presupuestaria del Congreso, de 11.000 millones de dólares (más de 9.717 millones de euros).

Dos días después, el Departamento de Comercio notificará la imposición o no de aranceles a las importaciones de automóviles extranjeros(y, en particular, europeos), invocando la defensa nacional (sección 232 de la Ley de Comercio), como ya hizo con el acero y el aluminio. De materializarse, la Unión Europea amenaza con adoptar represalias proporcionales al daño infligido a su sector automotriz y a aquellos otros que, como los del acero, vidrio, componentes y otros, se verían también dañados.

Dos semanas después, el 1 de marzo, vencerá la tregua arancelaria de Washington a Pekín, por lo que, de no haber antes un acuerdo, los gravámenes del 10% ahora vigentes contra las importaciones de productos chinos en EEUU por un volumen de 200.000 millones de dólares se incrementarán hasta el 25% y se entrará en una nueva escalada de la guerra comercial entre las dos grandes potencias.

El 20 de marzo, la Reserva Federal volverá a reunirse para determinar la senda de sus tipos de interés y el tamaño de su balance bajo las presiones y ataques de la Casa Blanca para que relaje la normalización monetaria. Cualquiera que sea la decisión, sus efectos impactarán en uno u otro sentido sobre los mercados y, a través del dólar y los bonos, sobre el conjunto de la economía.

El 29 de marzo, salvo acuerdo in extremis para seguir negociando, Reino Unido abandonará la UE, se producirá la primera gran ruptura del área (jaleada y apoyada por Trump) y se abrirá un escenario inédito que ya está golpeando a las expectativas económicas a ambas orillas del canal de La Mancha. Trump exigió el pasado 18 de julio un brexit duro bajo la amenaza de suspender el trato preferencial con Reino Unido si Londres pacta una salida templada y moderada bque evite la opción más abrupta.

La moratoria que la Casa Blanca concedió a algunos países grandes consumidores del petróleo de Irán (tercer productor mundial) se agotará el 1 de mayo, a partir de cuyo momento EEUU generalizará las sanciones unilaterales a cualquier país que comercie con Teherán. Esto, sumado a los avatares de Venezuela (aún octavo bombeador de crudo) y la inestabilidad en Libia y otros países productores, contribuirá, junto con el actual pacto de recorte de producción de la OPEP y Rusia, a tensar al alza el precio del barril -estabilizado desde comienzos de enero en el entorno de los 62 dólares- salvo que la desaceleración internacional se agudice más y socave la demanda o que el petróleo de esquisto de EEUU sea capaz de neutralizar los estrechamientos de la oferta. Europa afrontará un nuevo desafío crucial el 26 de mayo con las elecciones al parlamento de la Unión en plena efervescencia de las fuerzas disidentes, extremistas y antisistema, partícipes de pensamientos eurófobos y tendencias nacionalistas, y que se nutren del sentimiento de desafección y malestar social, casi todas las cuales gozan de la simpatía explícita y el apoyo público del presidente norteamericano.

EEUU alcanzará en julio su décimo año de crecimiento (el más dilatado periodo de expansión económica del país desde mediados del siglo XIX) y, más allá del carácter simbólico del aniversario, este hito pondrá a prueba la capacidad de la mayor economía del planeta de seguir derrotando a las estadísticas y de desafiar los primeros esbozos de suave ralentización que se aprecia en su economía -aún con un crecimiento fuerte- tanto por la madurez del ciclo (desde 1945 las recuperaciones estadounidenses han durado de media cinco años) como por el agotamiento de algunas fuentes de crecimiento, la disipación de los estímulos inyectados y el efecto negativo de la segunda ronda de las estrategias proteccionistas de la Casa Blanca.

De manera que todo cuanto ensombrece el panorama global (aun con causas específicas y disímiles en cada caso) comparte como actor común a EEUU convertido en un foco de crecimiento y al mismo tiempo de inestabilidad.

China. De todas las contingencias en ciernes, quizá ninguna sea más amenazante y gravosa que una eventual espiral de hostilidades comerciales entre China y EEUU. Las escaramuzas y el rearme recíproco que ya se han producido están dañando de facto la economía mundial e induciendo a la desaceleración global y a una preocupante pérdida de pulso del comercio internacional.

EEUU no se eximirá de los efectos porque los aranceles encarecerán los bienes intermedios importados de China para su industria y los bienes de consumo baratos que alivian la renta de las familias de menor ingreso, elevarán la inflación y gravarán las exportaciones norteamericanas. Compañías estadounidenses como Apple ya anunciaron caídas de sus ventas en el país asiático por la ralentización de Pekín y por las represalias contra EEUU. Y, como alertó en noviembre el economista neoyorquino Kenneth Rogoff, un retroceso agudo de China se canalizará al resto del mundo con un endurecimiento de las condiciones financieras (y en plena lentificación de la economía mundial) a través de la minoración de los flujos de capital y liquidez procedentes de la recolocación planetaria de los hasta ahora superávits del país asiático.

En la beligerancia de Washington contra Pekín subyacen otras motivaciones, como el intento de poner freno a prácticas chinas poco admisibles, caso de la imposición forzosa de cesiones de patentes como condición para permitir a compañías extranjeras acceder al inmenso mercado chino -lo que debería solventarse en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC), de la que Trump reniega-, e impedir que China destrone a Estados Unidos como gran potencia tecnológica. Pero que coexistan otras finalidades -y que, en efecto, el proteccionismo sea un mal remedio externo para corregir un desequilibrio que en realidad es interno de EEUU entre ahorro y gasto- no parece suficiente para negar, como acaba de hacer en enero el economista norteamericano Martin Feldstein, el empeño obstinado de Donald Trump (aun cuando sea errado) de intentar corregir el déficit por cuenta corriente con aranceles. De hecho, lo mismo ha empezado a hacer con la Unión Europea (gravando desde la aceituna negra española al acero y el aluminio comunitarios, y quizá pronto los coches) sin que exista en el caso europeo ninguna excusa posible de robo de tecnología.

Europa . En su intento por auparse sobre los demás, EEUU está exportando decrecimiento. Banco Central Europeo (BCE), OCDE, OMC, FMI y Comisión Europea han revisado a la baja (la última vez, esta misma semana) sus expectativas de crecimiento globales y europeas, y todos ellos (lo hizo Mario Draghi, presidente del BCE, el 24 de enero y también el comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, la semana pasada) lo han vinculado al proteccionismo y la guerra comercial, además de otros fenómenos que apoya Trump, como el brexit, el desafío institucional y fiscal italiano, la tensión social de los chalecos amarillos en Francia (con el apoyo e injerencia de Roma) y el ascenso de los extremismos. Por ello, lo que haga Trump será decisivo para Europa. "Una escalada proteccionista en EEUU tendría un impacto significativo sobre la actividad" internacional, dijo en noviembre Óscar Arce, director general de Economía y Estadística del Banco de España.

Europa sale dañada en primera instancia por su mayor dependencia del mercado externo en virtud de su saldo exterior neto positivo y aún lo será más si los comicios de mayo dan un gran peso a las fuerzas euroescépticas y extremistas, en cuyo caso se dificultará el avance en la integración europea y la corrección de las vulnerabilidades de la eurozona ante una futura crisis, se dispararán las primas de riesgo (como ya ocurrió en Italia en mayo-junio, con el ascenso de la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas, con el inmediato conato de contagio al resto del sur de Europa) y se debilitará -como de hecho ya se está produciendo- la inversión estadounidense en la Unión Europea.

El llamamiento de Draghi en Pisa (Italia) el 15 de diciembre a la unidad europea frente al antiliberalismo de las opciones extremistas, y la inquietud expresada el 22 de enero en el Foro Mundial de Davos por el ascenso de los populismos evidencian un recrudecimiento latente de los desafíos ideológicos y geopolíticos.

Trump. "El proteccionismo llevará a una gran prosperidad y fortaleza", prometió Trump en su toma de posesión el 20 de enero de 2017. "Volveremos a ser competitivos", dijo el 21 de febrero de 2018. Pero ni el crecimiento empezó con él (el inicio data de casi ocho años antes, en junio de 2009, con Barack Obama) ni está asegurada la fase expansiva.

Estados Unidos se había librado de los síntomas de desaceleración, pero ya no es así aun cuando mantenga un crecimiento aún sólido y una tasa de paro en mínimos desde 1969.

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