Elecciones

El rompecabezas que viene

nnnLa creciente fragmentación política y la indecisión de los electores anticipan un complicado puzle parlamentario y una legislatura de gran incertidumbre, con posible bloqueo como el de 2015.
Joaquín Anastasio, Madrid
12/abr/19 6:39 AM
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El rompecabezas que viene

Joaquín Anastasio, Madrid

El inicio anoche de la campaña electoral del 28- A abre camino a un nuevo tiempo político que, de entrada, sigue marcado por la incertidumbre y las dudas sobre la futura gobernabilidad del país. Los partidos y candidatos buscan a la desesperada en estos quince días, hasta la misma jornada de la cita con las urnas, que un mayor número de electores se decanten por sus respectivas ofertas y poder acercarse a su objetivo. Este ya no es tanto el de ganar las elecciones como lograr una fuerza parlamentaria suficiente y una suma de posibles aliados que les permitan formar gobierno, estar en él, o al menos condicionarlo. Nunca en democracia se había dado el caso de que todos los principales actores en liza, hasta al menos cinco formaciones distintas, tuvieran alguna posibilidad cierta de, independientemente del número de escaños conseguidos, alcanzar el poder en algunas de las fórmulas de alianzas que se vislumbran.

La creciente fragmentación política y las dudas de los electores sobre a quién otorgar el voto -hasta un 45 % de los 1.720.065 canarios con derecho a voto según la última encuesta del CIS-, anticipa un complicado puzzle parlamentario a partir del 21 de mayo, fecha prevista para la constitución de las nuevas Cortes, que no sólo dificultará la formación de Gobierno, sino llevar a cabo una agenda legislativa básica. Menos aún la posibilidad de alcanzar grandes acuerdos de Estado para asuntos urgentes y necesarios en la actual coyuntura política y económica del país como la financiación autonómica, el futuro de las pensiones, el pacto educativo, la cuestión territorial, o la nueva etapa de la EU tras el brexit.

En un contexto de fuerte polarización entre la izquierda y la derecha, todo parece indicar que será el campo ideológico el que marcará la línea teórica de las alianzas parlamentarias a la hora de formar mayorías de gobierno, pero los números se muestran esquivos en aclarar si se dará esa circunstancia y abren así el escenario a otras variables, incluida la de un posible bloqueo como el que se produjo en 2015, cuando ninguna alianza de las que se exploraron obtuvo el respaldo necesario. Por otro lado, es muy probable que ningún partido quiera arriesgarse a pactos que puedan perjudicarles en las inmediatas elecciones autonómicas, locales y europeas del 26 de mayo. Nadie prevé un debate de investidura para antes de esa fecha y es posible que el mismo esté condicionado por lo que pase en parlamentos autonómicos y ayuntamientos.

La nueva legislatura se presenta así con un alto grado de suspense previo no solo en espera de los resultados concretos del 28-A, sino también de la situación en que quede cada uno de los partidos en relación con sus expectativas y sus propias dinámicas y debates internos. Un PP descalabrado o un Cs sin margen de maniobra abren escenarios nuevos. Si Podemos logra parar la sangría y aporta a la suma de la izquierda, podrá condicionar el curso de las negociaciones. Además, se dan elementos nuevos que pueden marcar mucho toda la dinámica política como es la entrada por primera vez en el Congreso de una extrema derecha, representada por Vox, que, en función del número de escaños que logre y del resultado global de la derecha, podría condicionar las estrategias de los populares y de la formación naranja.

Por otro lado, se podría dar también la circunstancia de un Congreso sin representación del nacionalismo canario o cuya presencia sea testimonial e irrelevante, ya que tanto Ana Oramas, de CC, como sobre todo Pedro Quevedo, de NC, tienen muy difícil lograr escaño. Se trataría de una situación inédita desde 1993, cuando, en su versión unificada, obtuvieron cuatro diputados. Sería paradójico que, tras haber sido imprescindibles en la última legislatura para aprobar los Presupuestos estatales y otros proyectos legislativos, los electores canarios les aparten de cualquier opción de seguir jugando esa baza. Sin duda, la polarización del debate estatal entre la izquierda y la derecha está jugando en su contra, y se abre la incógnita sobre cómo se abordará y se desarrollará en el futuro la agenda canaria en las políticas del Estado y en el debate parlamentario sin la influencia que a este respecto ha tenido en los últimos años la representación nacionalista de las Islas en Madrid. Podría darse el caso sin embargo de que, si uno de ellos, o ambos, se mantiene, una carambola aritmética en el Congreso les convierta en claves, aunque CC ya ha dicho que no apoyará ningún Gobierno en el que esté Podemos.

De entrada, la victoria del PSOE que prevén todas las encuestas no garantiza a su líder y candidato, Pedro Sánchez, que pueda mantenerse en la Moncloa, aunque sí es la opción que a estas alturas cuenta con mayores posibilidades de poder negociar acuerdos ya que es la única que tiene campo abierto tanto a la izquierda como a la derecha, e incluso con los partidos nacionalistas, incluidos los independentistas catalanes. En un inicio de campaña de perfil bajo y evitando errores, los socialistas y el propio Sánchez juegan la baza de haberse convertido, casi sin buscarlo, en la única referencia con vocación de gobierno que incorpora un amplio espectro ideológico y de sensibilidades sociales, aunque también tiene radicalmente en contra a quienes se posicionan en el otro bando.

Vetos cruzados

Si los resultados electorales acaban dando la razón a las encuestas, una holgada victoria del PSOE (se descarta la mayoría absoluta) le daría ocasión de pactar con Unidas Podemos y alguna otra formación, como el PNV y Compromís, quizá sin tener que depender del soberanismo catalán. Pero incluso en ese caso, puede tener opciones de hacerlo únicamente con los más pragmáticos, como es el caso de ERC, que no pongan la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña como condición para el apoyo a la investidura. Si esa victoria socialista llega acompañada de la imposibilidad de los tres partidos de derechas de formar gobierno, Cs deberá decidir si aceptaría una posible negociación con Sánchez pese a su promesa en precampaña de no hacerlo. Al tiempo, el propio PSOE se encontrará en la difícil tesitura de elegir entre un pacto con Podemos y, quizá, independentistas, o de intentarlo con Albert Rivera, líder de la formación naranja.

Las opciones para la derecha son mucho más restringidas, pues sólo les vale que la suma de sus escaños alcance la mayoría absoluta de 176 escaños. Cualquier otro escenario convierte en quimera un posible Gobierno de derechas, como el que han pactado en Andalucía, porque no hay duda de que todo el resto del arco parlamentario se opondrá. No hay negociación posible ni para el partido de Pablo Casado ni para el de Santiago Abascal que no sea la que ellos y Rivera estén en condiciones de gestionar. En este caso se abre la incógnita de cómo un tripartido conservador pero con muchas contradicciones entre ellos en algunos aspectos, puede aplicar una agenda que tendrá en contra al resto de la cámara, especialmente en asuntos sensibles como la crisis de Cataluña, u otros aspectos polémicos de los programas de la derecha. Un gobierno presidido por Casado no estará en condiciones de gestionar el crucial debate territorial en España si su propio partido es irrelevante en comunidades como Cataluña o País Vasco, por poco que se deje arrastar por Vox

La hipótesis de un bloqueo político como el del 2015 no es descartable si algunos de los partidos en liza ponen determinadas líneas rojas o condiciones inasumibles, sobre todo en el caso de que sea Sánchez quien aspire a la investidura. El propio candidato socialista deberá despejar hacía donde dirige sus preferencias si está en disposición de elegir.

A nadie se le escapa que los barones del Partido Socialista apuestan por pactar con Cs, si se diera el caso de que se Rivera rectificara su veto de precampaña a Sánchez, mientras la militancia se decanta por Unidas Podemos. Pero también dependerá de las condiciones que ponga sobre el tapete el partido liderado por Pablo Iglesias se trabaja esa opción. Una negociación con los independentistas catalanes en plena recta final del juicio a los dirigentes del procés en el Tribunal Supremo haría complicado un acuerdo de investidura y más aún un pacto de legislatura. El rompecabezas tras el 28-A está servido.