Tenerife Norte

El Puerto: historia de una ilusión

Hace 508 años que se pidió, por primera vez, un puerto para una ciudad que ni siquiera existía. Más de cinco siglos después, la demanda y el anhelo siguen vigentes.
Raúl Sánchez
7/dic/14 0:58 AM
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El Puerto: historia de una ilusión

Raúl Sánchez

H ace ya 508 años que se pidió, por primera vez, un puerto en condiciones para una ciudad del Norte de Tenerife que ni siquiera existía. Fue en diciembre del año 1506, cuando en los Acuerdos del Cabildo se recoge textualmente la conveniencia de "que se faga un muelle en el puerto del Araotava". Más de cinco siglos después aquella demanda sigue vigente y el anhelo de un muelle que haga honor al nombre de Puerto de la Cruz no ha parado de crecer. Esta es la historia de una ilusión. Una esperanza que sigue viva aunque se haya desvanecido tantas veces en el pasado.

El historiador Melecio Hernández recuerda en un artículo de homenaje al autor del libro "Síntesis histórica del muelle del Puerto de la Cruz o de Orotava" (1973), Antonio Ruiz Álvarez, varios hechos históricos vinculados a la historia de esta aspiración frustrada. Como la visita que hizo a la zona en 1588 el ingeniero de Rey Felipe II, Leonardo Torriani, o cuando en 1603 "se comisionó al regidor Antonio Luzardo de Franchy para que ordenara el terreno donde debía construirse el muelle, en la caleta llamada Boca del Puerto o Puerto Nuevo".

El historiador Nicolás Barroso también cita a Antonio Ruiz Álvarez y señala que "entre 1609 y 1610, se elaboró un proyecto de muelle artificial, confeccionado por el ingeniero Jerónimo Mines, que proponía la ampliación del Puerto Nuevo mediante el ahondamiento y limpieza de los charcos de los Camarones y de Tía Paula".

Barroso señala que aquel proyecto "nunca se llevó a efecto, aunque se realizaron algunos trabajos parciales". Añade que "entre 1641 y 1650 se construyó el trozo de muelle semicircular que estaba previsto en el proyecto de Mines, que sirvió de soporte a la batería de Santa Bárbara, junto a la Casa de la Aduana".

En "Reflexiones sobre la historia del desarrollo del comercio marítimo y de la infraestructura portuaria en Puerto de la Cruz", Barroso subraya que "las relaciones estadísticas consultadas ponen de manifiesto que durante la segunda mitad del siglo XVII la ciudad concentraba más del 80% del movimiento marítimo comercial de Tenerife". Una gran actividad que tampoco sirvió para lograr un muelle en condiciones.

"Durante el siglo XVIII persisten las iniciativas vecinales para la construcción de un muelle o, cuando menos, la ampliación, adecuación y mejora de la infraestructura existente", señala Barroso. Ninguna tuvo éxito. Hubo muchos proyectos frustrados, algunos en 1718, 1737, 1745, 1769, 1779, 1788 o, más tarde, en 1856 o 1906, cuando fracasó el puerto de Martiánez, pese a tener el visto bueno de un rey. "Tras la visita de Alfonso XIII en 1906 parecía que iba por fin a ejecutarse; de hecho se adjudicaron presupuestos e incluso se solicitó permiso para iniciar las obras -detalla Barroso-; pero el informe desfavorable de la Junta Consultiva del Estado Mayor Central causó su definitiva paralización en 1909".

Barroso concluye que "la historia del muelle del Puerto de la Cruz está constituida por una sucesión de iniciativas y proyectos de mejora de la infraestructura portuaria, y sus correspondientes fracasos. Comienzan en el siglo XVI con el acuerdo capitular de 1506 para se haga un muelle y un almacén en la actual zona de Playa Jardín; en el siglo XVII se sucedieron varias iniciativas para ejecutar el proyecto de muelle artificial de Jerónimo Mines; a mediados del siglo XVIII, en 1769, se concibió y promovió, por primera vez, el puerto de Martiánez, basándose en el proyecto de Andrés Amat Tortosa; a mediados del siglo XIX, en 1856, se retoma este último proyecto de Martiánez, y se remite a Isabel II; a principios del siglo XX vuelve a insistirse en la idea de Martiánez, reelaborada y ampliada, que cuenta con el apoyo insuficiente de Alfonso XIII en 1906, y por último, entre los años 1911 y 1930, se concibió, diseñó y ejecutó el muelle de El Penitente".

A juicio de Barroso, "todos estos proyectos, iniciativas, esfuerzos, gestiones y esperanzas de la comunidad local portuense, de los vecinos de la comarca de La Orotava e incluso del conjunto de municipios del Norte de Tenerife, no dieron resultado práctico alguno, de tal modo que, a pesar de la importante posición del Puerto de la Cruz en la red insular y regional de puertos a lo largo de más de dos siglos, nunca pudo disponer de una infraestructura e instalaciones portuarias acordes con su importancia económica". Una dolorosa reflexión.

El muelle portuense fue, a pesar de sus limitaciones, un puerto destacado para la Isla prácticamente hasta la guerra civil de 1936, cuando su actividad comercial cesó definitivamente y solo conservó la pesquera.

Tras la posguerra y el boom turístico, en los años 70 del siglo XX en el ayuntamiento retomó el anhelo y expuso una maqueta del "futuro muelle deportivo". Aquel proyecto estuvo "años en el consistorio", según recuerda el exalcalde Salvador García (PSOE).

A principios de los años 80 se ejecutó la última gran obra en el entorno del muelle portuense, fue en la época de Francisco Afonso (PSOE), quien también inició la obra de la explanada del muelle, "que costó más de 800 millones de las antiguas pesetas", detalla García.

Rafael Ben Abraham Barreto, que durante más de tres décadas fue corresponsal de EL DÍA en el Norte de la Isla, recuerda que la última obra de ampliación del muelle "contó con un presupuesto aproximado de 173 millones de pesetas y su proyecto fue aprobado en febrero de 1981, siendo alcalde Paco Afonso. Aquella ampliación tampoco cumplió las aspiraciones de la sociedad ni de los pescadores portuenses que, pese a todo, no se resignaron, sino que pusieron sus miras en un proyecto más ambicioso que hasta la fecha solo se ha plasmado en el papel".

"Una vez concluida la ampliación entró al puerto el barco de pasajeros de Alisur. La idea de crear una línea con La Gomera, La Palma y El Hierro tuvo gran acogida, pero no fraguó", recuerda Barreto, quien añade que "en 1981 también se planteó la creación de un gran parque marítimo y un delfinario, para lo que se establecen contactos con la empresa israelí Ephron Enterprises Overseas. La idea nunca cuajó".

José Melchor Hernández Castilla recordaba en un artículo publicado en EL DÍA en octubre de 2004 que en 1989 la empresa EIA S.A. redactó otro proyecto con la bocana hacia Playa Jardín. Se dividía en tres áreas: pesquera, deportiva y comercial, con 520, 38 y dos atraques. La entrada del puerto se consideraba un muelle para ferris. También se olvidó.

En el siglo XXI, la historia del anhelado puerto ha seguido engordando hemerotecas. Las referencias serían interminables, pero valga la siguiente selección de hitos como muestra.

Hernández Castilla señala que el Cabildo encargó a la empresa consultora Estudio 7, en febrero de 2001, un proyecto de puerto "con dos dársenas, deportiva y pesquera, y un muelle para embarcaciones mayores. El puerto quedaba emplazado entre el Castillo San Felipe y el faro del parque marítimo. La dársena deportiva tenía 170 atraques y la pesquera, 72".

En septiembre de 2005, el edil de Urbanismo, Luis Gómez (PP), plantea sacar el muelle en concesión privada y habla de una inversión de 180 millones de euros.

En noviembre de 2006, el alcalde Marcos Brito (CC) cita el interés de inversores privados y apuesta por una inversión con capital público y privado de "unos 120 millones de euros".

En febrero de 2007, Gómez y Brito aseguraban que la reforma del proyecto, que cambiaba la orientación de la bocana para no afectar a Playa Jardín, duplicaría con creces el gasto previsto y elevaban la cifra a "360 millones de euros". La mayor inversión virtual adjudicada al muelle.

En abril de 2007, Hernández Castilla volvía a recordar que el puerto "fue declarado de interés general por el Gobierno canario en 2006. Ese mismo año, en septiembre, la Consejería de Infraestructuras ya poseía el proyecto modificado del puerto, redactado por Teno Ingenieros. Un puerto de 145.000 metros cuadrados, entre el Castillo de San Felipe y el antiguo muelle, con un dique de abrigo de 1.600 metros, bocana hacia Martiánez y unos 600 atraques".

Ese mismo año se colocó la polémica carpa preelectoral de la empresa pública Gesplan en la entrada del ayuntamiento, con una maqueta del futuro puerto. La Junta Electoral Central ordenó su retirada. Se trataba de un proyecto basado en una idea del arquitecto Fernando Menis.

En julio de 2008, la alcaldesa Lola Padrón (PSOE) y la edil de Urbanismo, Eva Navarro (PP), asistieron a una reunión de la Cotmac sobre el proyecto del puerto y la política socialista anunció: "Si la Comunidad Autónoma pone el máximo interés y agiliza los trámites, las obras del puerto se podrán adjudicar antes del final del presente mandato". Aquel mandato acabó en 2011.

Padrón también anunció en noviembre de 2008 que el muelle estaría presente en los presupuestos regionales de 2009, que habría dinero "para la redacción del proyecto definitivo".

Un año después, en noviembre de 2009, el presidente regional, Paulino Rivero (CC), prometió dos millones de euros para el futuro muelle en 2010. Una cantidad que Padrón, ya como edil opositora, tildó de "ridícula".

En octubre de 2011, días antes de la gran manifestación para exigir un muelle, el Gobierno canario anunciaba que comenzaría la obra en 2012. El responsable de Puertos Canarios, Juan José Martínez, decía entonces que "a pesar del retraso causado por los requerimientos constantes del Ministerio de Medio Ambiente para modificar el proyecto, su tramitación continúa adelante con el fin de iniciar las obras en 2012".

El 30 de octubre de 2011 se produjo un hecho histórico: más de 15.000 personas se concentraron en la plaza de Europa para reclamar que la obra del puerto comenzara en 2012. Ha sido la mayor manifestación en la historia del Norte de la Isla, pero tampoco logró su objetivo.

En marzo de 2012, el Gobierno canario inicia el procedimiento administrativo para sacar a concurso la construcción y concesión del nuevo puerto deportivo del Puerto de la Cruz. Entonces se anuncia que la intención es que inversores privados destinen un mínimo de 70 millones de euros a construir un puerto con 500 atraques deportivos y 50 atraques pesqueros, y una superficie para actividades comerciales y de ocio de 10.000 metros cuadrados.

El arquitecto Fernando Menis y el Consorcio Entelo se interesan por un concurso del que mucho se habla y escribe en los primeros meses de 2013. En abril del mismo año se declara desierto y comienza la negociación de un proyecto aún más adaptado a la realidad actual, o sea, más pequeño, con el Consorcio Entelo y el apoyo económico del Cabildo de Tenerife. El rechazo popular a dos bocetos de muelle de reducidas dimensiones que se presentaron en 2013 y 2014 obligó a las administraciones públicas a volver a reconsiderar el proyecto, que según se anunció en junio de este año cuenta con una inversión prevista de 92 millones de euros, de los que casi 60 serían aportación pública directa o indirecta.

En estos últimos años también se ha hablado del interés de inversores extranjeros. El último un inversor de Catar interesado en vincular el muelle a la construcción de más de 700 viviendas de lujo. Algo incompatible con la ley vigente, según el presidente insular, Carlos Alonso (CC).

Cabildo de Tenerife, Gobierno de Canarias y Ayuntamiento del Puerto de la Cruz juran y perjuran que este último proyecto, el del Consorcio Entelo con inversión pública, es el bueno. Que este puerto sí se hará realidad. La ilusión sigue viva, pero después de tantos fiascos y engaños, portuenses y norteños dudan mucho. Y dudarán hasta que vean un espigón completo frente a la deprimente explanada del muelle.

El inicio de la obra del nuevo puerto deportivo y pesquero de la ciudad turística está ahora previsto para después de las elecciones locales de 2015. Y su finalización, en 2020. En menos de un año se sabrá si, por una vez, tocará hablar de realidades o, como en los últimos cinco siglos, de más ilusiones frustradas.

El proyecto actual

El Consorcio Entelo y el Cabildo de Tenerife lideran el último proyecto de puerto y parque marítimo para la ciudad turística. En la actualidad, la administración insular redacta el proyecto para la parte marítima y el consorcio empresarial se encarga de planificar la parte de tierra. Esta semana, Puertos Canarios anunció que espera recibir ambos proyectos antes del plazo fijado para la segunda mitad de enero. Probablemente antes de que termine el año. Luego tocará refundir ambas propuestas y remitirlas a Costas para que vuelva a darles el visto bueno. Una vez recibida la bendición de Costas, tocará sacar a exposición pública el proyecto y, si se presenta algún inversor interesado aparte de Entelo, convocar un concurso público. El presupuesto que se baraja para este último proyecto es de 92 millones de euros, con una mezcla de financiación pública y privada.

2015, 2018 y 2020

El Cabildo de Tenerife, el Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento portuense anunciaron el 20 de junio de 2014 que las obras de la parte marítima del puerto se adjudicarán a mediados de 2015 y concluirán a finales de 2020. Los trabajos en la parte terrestre comenzarían en 2018 para concluir también en el año 2020.