Crisis sí, pero de paciencia

_MSM Alvaro C1

Desde abril hasta hoy, o sea, casi medio año, el aficionado no ha visto al Tenerife ganar un partido oficial. Los críticos se han armado de razones: son diez encuentros de Liga y uno de Copa,en los que el equipo de Álvaro Cervera, el mismo que llegó a estar a un punto del ascenso directo a Primera división, solo ha sumado un punto sobre treinta posibles y ha marcado un gol, que además fue de aquella manera, aprovechando la gentileza del portero del Albacete. El balance en estos diez últimos partidos es de 13 a 1 en contra. La eliminación copera del martes abunda en la serie, cuesta abajo. Esta es una lectura de un rigor irrebatible, especialmente en el plano numérico, pero que no refleja en absoluto la realidad del Tenerife.

El equipo de esta temporada va a cuajar en algo notablemente mejor que el de la pasada campaña, pero entre unas y otras cosas no le ha cogido el paso al desfile. En gran medida, porque el ritmo de fichajes en verano no fue uniforme; llegaron tarde los más importantes, los que fueron contratados para elevar el nivel. O sea, los atacantes, llamados a incrementar la cuota goleadora, más repartida ahora. Cristian García, fuera de forma y Uli Dávila empiezan ahora a entrar en la dinámica de un equipo que cojea en el área por la lesión del único que sí llegó a tiempo, Ifrán. Y, acelerando el proceso de entrada en el once de jugadores recién llegados con el fin de ganar de una vez, lo que sucedió en Girona el sábado es que el equipo se desvió de sus virtudes esenciales, desde cuya base parten sus posibilidades de competir a un alto nivel. O sea, que hay que esperar a que estén todos y a que se pongan al mismo nivel, para recuperar la solidez defensiva y, entonces, marcar diferencias con los cuatro atacantes adaptados y a pleno rendimiento.

El Tenerife ha entrado mal a la temporada, como si tuviera el pie cambiado, no ha conseguido disponer de todos los nuevos para hacer un equipo y cohesionarlo, y ha cargado con la mala suerte -no se me ocurre otro calificativo- de que varios jugadores (Jacobo y Moyano) cometieran errores que no son propios de un profesional, pero que han supuesto la pérdida de ocho puntos. Sin esos regalos, el funcionamiento habría sido igual, pero la crítica no se habría alimentado tanto ni hubiera rescatado los últimos choques de la campaña anterior. Con los resultados en contra, es fácil de entender que la gente no profundice en la capacidad potencial, en el margen de crecimiento que tiene esta plantilla, que, eso sí, será más difícil de demostrar ahora contracorriente. Necesita ganar ya, como punto de partida de un crecimiento que es solo cuestión de tiempo. Yo sí confío.

 

 

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