Cultura y Espectáculos

"Más allá de Enya y Vangelis, las nuevas músicas carecen de apoyo en España"

La cantautora palmera Priscilla Hernández plasma en su primer CD, "Ancient shadows", una definición propia del "gótico etéreo", estilo que acercan al "new age" los territorios oscuros del romanticismo. Dice que su origen se halla en los trances que un desorden del sueño le provocaron en la infancia.
D. F., S/C de Tenerife
7/abr/07 9:21 AM
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Pocos podrán decir que, si la música les falla, siempre les quedará la biología molecular. En la voz de Priscilla Hernández el "gótico etéreo" es sólo una definición, porque, si bien su estética personal y trayectoria se adaptan al primer término, el segundo pasa mejor por calificativo. "En realidad no tengo nada de etérea", afirma esta solista e ilustradora palmera, estrella de internet gracias a una sola canción, "I steal the leaves", cuyo éxito le ha impelido a publicar su primer CD, "Ancient shadows".

"Los que escuchan la música que hago tienden a pensar que soy muy espiritual, pero no sé si para bien o para mal soy muy científica, y mi amor por estas cosas es estético", insiste la autora, añadiendo que su principal influencia creativa procede de un desorden que le ha afectado desde pequeña: la parálisis del sueño. En ella, "el cerebro despierta y el cuerpo duerme; y en ese trance algunas personas sienten un gran terror o angustia, o bien perciben presencias cuando están a punto de despertarse". "Los íncubos, súcubos, abducciones alienígenas o sensaciones de flotar tienen una base fisiológica: el cerebro simplemente reacciona para despertarte porque tu cuerpo no puede moverse. Si en ese momento viniera un depredador, ¿qué tendría que hacer tu cerebro? Provocar tu miedo y despertar; de ahí que se generen sensaciones de alarma, alucinaciones hipnagógicas e hipnopómpicas, palabras muy raras que significan que el cerebro, para despertarte, provoca inducciones", explica. "El grave caso que sufrí de pequeña me sumió en una temporada llena de terrores nocturnos; de hecho, el CD comienza con un tema titulado Facing the dream -Enfrentándose al sueño-, porque ello para mí es una especie de superación".

Por eso no es de extrañar que cuatro de los 19 temas estén ligados a este fenómeno: "Ancient shadow", por ejemplo, lo aborda de forma benévola y "Nightmare" ("Pesadilla") de forma sombría.

La ilustradora también trabaja en un proyecto de cómic llamado "Yidneth", que orientó al principio su sitio web, al menos hasta el momento de colgar en él la canción "I steal the leaves", que supuso su primer éxito, con miles de descargas, y que replanteó su estilo hacia la música.

"Lo del gótico etéreo -prosigue- fue al principio una especie de cuña personal. Gótico porque las letras son marcadamente espectrales y tratan temas como casas encantadas, árboles amargos o fantasmas enamorados". "Pero no es un gótico rock, oscuro, ni con connotaciones malignas de ningún tipo, aunque se suele decir que es crepuscular, que aborda el lado romántico de las cosas que se asocian con el género", explica. Por otro lado, "lo de etéreo viene porque, auditivamente, el género al que más se puede aproximar es el new age, aunque la verdad es que no tengo raíces en él". "Hay mucho piano y violoncello, mucho de orquestal y sinfónico", por lo que significado y sonido "confluyeron en la definición gótico etéreo, que curiosamente después, y sin tener nada que ver conmigo, se formalizó como género, también llamado voces etéreas", aseguró.

Antes de poseer un sello discográfico propio, también llamado Yidneth, el periplo profesional de Hernández la llevó por nueve ajenos, dos de ellos multinacionales. La solista asegura que atenerse a su integridad artística la apartó de esta vía, porque "firmar por cinco años para hacer lo que no quieres puede resultar rentable en lo económico, pero no en lo creativo".

La polifacética artista soñó primero con ser escritora, "pero no era lo suficientemente buena", reconoce. "Más tarde comencé con la ilustración; quise hacer Bellas Artes, pero, no sé cómo, acabé haciendo Biología Molecular. Terminar poniendo música a los cuentos ilustrados fue, al final, una especie de cadena lógica", indica.

Las presiones de las grandes discográficas en España llegan "desde el momento en que, como mínimo, te piden el 50 por ciento de tus derechos de autor, lo que significa que a partir del instante de la firma tu música ya no es tuya, y ya no eres libre de promocionarla donde tú quieras, entre otras muchas cosas", prosiguió Hernández. Por otro lado, "una discográfica pequeña tampoco puede hacer más de lo que tú harías con un poco de esfuerzo, y las medianas se obsesionan buscando a un artista que las convierta en empresas mayores", resume.

Y declara: "Para mí, cantar también llegó tarde; si lo hago es porque lo hago yo, no porque pensara que tengo una voz excepcional".

En opinión de Hernández, "con las discográficas tienen suerte quienes pueden hacerse una base de fans y seguidores del directo. Pero con las nuevas músicas es distinto; yo pierdo dinero cada vez que organizo un concierto, porque tengo que contratar músicos y salas, y no es una propuesta fácil de tocar un fin de semana", afirma.

Priscilla Hernández cree que "no hay apoyo a las nuevas músicas en España más allá de Vangelis y Enya. Conozco a los autores del new age español y ninguno está satisfecho", apostilla.