Santa Cruz de Tenerife
MARTÍN CHIRINO ESCULTOR

"Vivimos en una sociedad aculturizada por naturaleza"

Jorge Dávila, Santa Cruz de Tenerife
2/nov/14 0:34 AM
Edición impresa

Sus manos acompañan las frases que construye como si quisieran martillear en la fragua unas palabras que crean una bella dicotomía entre el forjador y el pensador; ambos reunidos en un solo cuerpo. Martín Chirino (1925), el escultor de las espirales, habla con pasión de un universo cultural en decadencia. Es optimista, pero no oculta su disgusto por una sociedad "incomunicada" por un derroche tecnológico que está proporcionando más argumentos a la soledad. "Nacemos solos y morimos solos, pero cada vez más nos encerramos en la soledad que se crea entre una persona y la pantalla táctil de un móvil o un ordenador", alerta un creador que se ha convertido en el personaje cultural del Archipiélago en la semana que hoy acaba: una amplia selección de su obra se exhibe hasta el 31 de enero de 2015 en dos espacios de la Fundación CajaCanarias.

Su vuelta a Ítaca -el día de la presentación abrió esta comparación entre el mito literario y su retorno a Tenerife- ha sido más victoriosa que la de Ulises, ¿no?

Sí, pero siempre me encuentro la misma controversia. Esta vez no sé lo que sucedió. Todo lo que ocurrió fue extraordinario porque yo, que no estoy en posesión de la solución final, sentí algo diferente. Además, con todo lo que está pasando en este país vivimos un momento paradigmático que es para bien porque parece que se intuye cierta trasparencia... El panorama actual es bastante aterrador, pero es mejor que suceda a que no suceda para que por fin sepamos lo que nos está pasando.

¿Decepcionado con lo que algunos denominan "casta política"?

No seré yo quien valore sus comportamientos, pero da la impresión de que algunos empiezan a tener conciencia de quiénes son, de dónde están y para qué están. Por fin se han dado cuenta de que son los administradores de una nación poderosa y maravillosa que se llama España.

¿Cómo un forjador de metales puede llegar a tener la claridad que se percibe en su discurso?

El arte es pensamiento y cuando uno piensa lo mejor que le puede pasar es la articulación de ese pensamiento a través de las palabras. Para ello hay que acopiarse de unos conocimientos, la gran mayoría de ellos generados a partir de la lectura, que son los que al final te van a permitir expresar aquello que quieres: lo que eres y lo que te gustaría ser... Es evidente que en estos días existe algo reñido que ha convertido a la cultura en algo somero y, sobre todo, excesivamente clasificada. La cultura de los expertos, por ejemplo, no es la cultura clásica y enciclopédica que nosotros entendíamos, es decir, que un especialista puede saber mucho de aquello que ha estudiado y de todo lo que le interesa saber, pero si realmente su foco de interés no crece o no lo expande está cometiendo un error grave ya que se está transformando en un analfabeto funcional.

¿Está primando abrillantar la formación académica sobre la cultural?

Es la herencia del modelo estadounidense que allí acabó con una discusión grave porque se llegó a polarizar el conocimiento en función de unos resultados. Sobre todo, los económicos. Lo que en España se llaman las carreras universitarias están dirigidas a una meta final, es decir, a fabricar grandes científicos, médicos o economistas sin tener en cuenta el pensamiento. Esa es otra manera de interpretar el mundo en detrimento de la cultura. Aquí solo estamos en el inicio de una espiral destructiva que aún podemos modificar. Europa tiene un pozo cultural profundo.

¿No cree que, a pesar de todos esos adelantos tecnológicos que inundan a diario nuestras vidas, cada vez estamos más solos?

Eso es algo que me tiene atónito. Las personas que trabajan a mi lado usan esos medios con naturalidad y debo confesar cierto desconcierto al ver la rapidez con la que pasan las cosas. Este mundo cambia cada media hora y eso está modificando mi estamina, es decir, ya no tengo ni el ritmo ni la manera con la que a mí me gustaba meterme en un día para ver cómo era capaz de integrarme en la naturaleza a buscar el espacio que debía ocupar mi pensamiento. Eso ya desapareció...

¿Ese desconcierto es definitivo?

Yo no me resigno.

¿Su obra siempre es un espacio ganado a la naturaleza?

Siempre; mi obra es pura reflexión... Cuando digo que el arte es pensamiento lo que quiero decir es que es pensamiento reflexivo. Es un arte en el que existe la moral, el tiempo y otros elementos que empiezan a desaparecer de nuestras vidas porque no tienen vigencia en la cotidianidad, pero, sin embargo, son fundamentales.

¿Y una ubicación que se estudia antes de empezar a forjarla?

Eso siempre (silencio). Todas mis obras en su origen no solo tienen un espacio físico, sino mental. Es un instante de mi pequeña historia y eso incluso yo lo escribo para tener perfectamente codificado el por qué de esa idea. Para mí es importante saber cuándo dentro de mi quehacer nace una escultura. Mi arte es para el hombre y por el hombre y, por lo tanto, tiene que ser entendible. Por eso utilizo los códigos que todos usamos para poder entendemos.

¿Qué valor tiene en su vida la poesía?

La poesía es algo que siempre me produce una profunda admiración... Usar las palabras, es decir, ideogramas que tienen un sentido para dar forma a una metáfora es algo que no está al alcance de todo el mundo. Los poetas son los grandes baluartes, los gigantes de la tierra. Más grandes que mis esculturas.

¿Mucho más grandes que sus esculturas?

Más, más... Mucho más grandes que mis obras. Los poetas son capaces de hablar de la trascedencia y de todo aquello que a uno le gusta utilizando algo que la naturaleza le proporcionó al hombre; que es la sensibilidad y la exquisitez para genera un refinamiento que se convierte en algo extraordinario.

¿Hasta qué punto la profesión de su padre -jefe de talleres de los astilleros de Blandy Brothers- dirigió sus pasos hacia la fundición?

Algo tuvo sí que tuvo que ver (sonríe)... Escuchar el sonido de los astilleros; los martillos chocando contra el metal era como oír música. Todo aquello es parte de mi recuerdo y parte de mi memoria. Algo que no quiero olvidar porque soy consciente de que necesito mi memoria como un alimento terrestre para poder seguir subsistiendo.

¿Va bien de memoria?

Voy bien, muy bien... Mi memoria física va realmente bien.

¿A qué se refiere cuando afirma que aún tiene que resolver muchos problemas?

Todos los que van apareciendo en el existir diario. El arte no se hace desde un punto recóndito o en aquellas torres de marfil que algunos inventaron como salvaguarda para autoprotegerse. El arte es la vida, lo que sucede y existe alrededor de una persona. En ese sentido, para mí es importante estar inmerso en la cotidianidad, entenderla e interpretarla y, a la vez, si pudiera controlarla. Es lo mismo que me pasa con el hierro.

¿Qué le ocurre con el hierro?

Es un material imprescindible en mi vida, pero además del hierro existen ciertos aspectos, yo diría metafísicos, que me llevan a una metafísica que es inaprensible. Eso es lo que no voy a poder resolver jamás porque me siento incapaz de prescindir de la materia; si pudiera prescindir de ella estaría desnudo.

¿Le tiene miedo a la vida?

Pero eso es algo inherente al ser humano. Al final todos buscamos refugio porque realmente lo necesitamos y ante la grandeza de lo que nos rodea nos volvemos más conscientes de nuestra escala. Ahí es cuando te das cuenta de que hay que empezar a desmitificar las cosas para poder trascender y seguir adelante.

¿Ahora que lo acaban de nombrar miembro honorífico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando piensa que su obra, por cierto muy premiada, ha alcanzado el techo en España?

Eso solo son unos cuantos jalones que han puesto en vida para construir un camino como el que veía Pascual Duarte cuando se sentaba en aquella encrucijada para tomar decisiones. Pues algo parecido me ocurre a mí. Los honores son buenos porque a todos los seres humanos nos gusta ser reconocidos, pero hay que saber medir la dimensión y el significado que tienen para disfrutar su levedad.

¿Cree que su escultura ha sido entendida?

Eso es algo que no me he planteado nunca, pero me siento muy satisfecho de la aceptación que ha tenido y del hecho de que parece que la gente que mira mi obra parece que entiende su significado. No sé si verdaderamente he conseguido comunicar lo que quería, pero si fuera así estaría feliz.

¿Cuando piensa en sus orígenes encuentra puntos de unión en esas rupturas artísticas que proponen las nuevas vanguardias?

Muchas cosas de las que digo tienen que ver con el empirismo. Claro que yo viví la misma desolación que al día de hoy puede percibir un artista incomprendido. Todavía recuerdo la soledad de ese instante en el que pensaba que lo que hacía era importante para mí, cuando lo que vale es que la obra sea importante para los demás. En realidad yo estuve tan "révolté" como cualquiera y sufrí las mismas controversias artísticas.

¿Al manifestar que las cosas es mejor que sucedan, aunque sean malas, para adquirir un aprendizaje también se refiere al vacío cultural que se percibe en estos instantes en España?

Lo cultural puede llegar a ser algo insolidario en el momento en el que se maneja un presupuesto que está alejado del orden establecido y no son políticamente correctos en una sociedad en crisis, pero lo que nadie se atreve a negar es que la cultura siempre ha sido reprimida por unas razones obvias, simplemente, por el hecho de que habla sobre la verdad y la libertad. Es muy fácil agredirla porque la excelencia cultural en una sociedad tan masificada y vertiginosa como la nuestra es incómoda y sencilla de derribar. Cuando el poder se ensaña con ella los daños son irreparables porque los políticos realizan unas aportaciones gratuitas, y sin ningún tipo de pudor, de lo que es la cultura y educación. El problema es que vivimos en una sociedad aculturizada por naturaleza.

La última... ¿El 2014 es más propicio para el ensayo por encima de cualquier otro género literario?

Yo siempre entendí que Balzac se pasara años enteros oliendo manzanas podridas porque era lo que le incentivaba; entendí que Albert Camus masticara y sufriera el sol africano para construir su obra. Yo creo que la obra de arte es el resultado de una pasión, y sin pasión no hay vida. En literatura se percibe con claridad la aceleración de un momento en el que se consumen textos volátiles que leen con verdadera pasión algunos de mis amigos, pero a esos libros les falta la hondura de la reflexión.

Vea aquí el documental "La forja de Chirino", que TVE emitió el pasado 24 de octubre.