Santa Cruz de Tenerife

Danzas rituales que ya son historia

El historiador e investigador Marcos Reyes ha publicado el libro "Las danzas rituales de Guadamojete", en el que describe detalles sobre cuatro bailes de cintas de El Rosario ya desaparecidos.
Raúl Gorroño
12/feb/17 6:39 AM
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Un trabajo del historiador e investigador Marcos Reyes (El Rosario, 1977) que iba a ser un artículo se ha convertido en un pequeño libro sobre "Las danzas rituales de Guadamojete", zona de El Rosario en la que existieron cuatro bailes de cintas que ya son historia y solo permanecen en la memoria de los mayores del municipio.

Este estudio etnográfico, que fue presentado anteayer en la Casa de la Juventud de El Chorrillo por su autor y el profesor Manuel A. Fariña, reúne en sus ciento veinticinco páginas editadas por Le Canarien diversos datos sobre los bailes en si, sus coreografías y el contexto social en el que se interpretaban, siempre ligadas a ritos religiosos y fiestas patronales. Todas ellas desaparecieron en el último tercio del siglo pasado.

"Es un trabajo de investigación sobre las danzas rituales de cintas que hubieron en la comarca de Guadamojete de El Rosario en el siglo pasado y finales del XIX. Básicamente se recogen los relatos orales, algunos de hemeroteca, como las referencias de periódicos de la época, la más antigua de la de La Esperanza en 1900, y algunos del siglo XIX, como el de José Álvarez Rixo que habla del tajaraste de los esperanceros", explicó Reyes.

La intención de este historiador, que reconoce las limitadas fuentes documentales específicas existentes sobre el tema, es trazar las líneas maestras de cada danza, una especie de introducción que podrán completar en un futuro otros investigadores.

La comarca de Guadamojete, que hoy en día comprende el litoral de El Rosario, entre Bocacangrejo y Radazul, tenía cuatro danzas (de cintas), cada una con sus peculiaridades: la de El Sobradillo, la del Tablero, la de La Esperanza y la de marinos de El Chorrillo.

Este investigador de temas etnográficos, entre otros asuntos, reconoce que no se sabe nada a ciencia sobre los orígenes de cada una de ellas, aunque se presume que vinieron de la península. El tronco común de todas ellas es la coreografía.

"Se conocían todas por el nombre genérico de danza, yo les puse el lugar para localizarlas en un enclave concreto. El dato más antiguo que tenemos es del siglo XVI, que vienen de la península después de la conquista. Se instalan aquí y se adaptan a la realidad insular con el toque del tambor que es el tajaraste, que dicen que proviene de los guanches. Hay un proceso de sincretismo cultural".

Aquel sonido del tambor o el pandero y la pita (flauta) marcaba el ritmo a los doce bailarines que formaban el grupo, además del que portaba la pértiga de la que salían las cintas que enrollaban en la misma al danzar.

También eran muy peculiares las vestimentas. Los de El Tablero y El Sobradillo llevaba pantalón y camisa de lona blanca, y sobre el pecho y la espalda cruzaban cintas de variados colores que sujetaban con unos alfileres a la altura de las caderas.

Los de La Esperanza tenían un pantalón oscuro, azul marino o negro, una camisa blanca con dos cintas de colores con un alfiler en las caderas y un singular tocado en la cabeza con la boina de los campesinos de la zona con un ramilletes de flores de colores y por detrás un penacho de cintas que les colgaban hasta la espalda.

Por otro lado, la Danza de los Marinos de El Chorrillo, cuyos intérpretes iban ataviados con uniformes de marinos, hacían como la representación de una especie de desfile militar y formaban en fila. Había una sargento, un capitán y llevaban un barco, como los de la romería de Tegueste.

Esta labor de recuperación de parte del acervo cultural, de las costumbres y el folclore de El Rosario y sus diferentes núcleos poblacionales realizada por Marcos Reyes se sustenta, sobre todo, en los testimonios orales de más de medio centenar de personas, con edades comprendidas entre los 60 y los 102 años, como los tuvo José Aldón, que colaboraron con él en esta loable tarea de reconstruir una realidad que yace en el pasado, pero que ha quedado escrito.