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Un Tenerife que ni muerde ni manda

Oltra, frustrado por la falta de competitividad y regularidad de su equipo, medita la toma de decisiones drásticas ante el Albacete.
J.J.R. (@juanjo_ramos)
6/nov/18 6:29 AM
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En la cabeza de los aficionados están los "buenos ratos", como los definió Oltra el pasado sábado, que ha jugado el Tenerife hasta ahora con la segunda parte ante el Deportivo o el Alcorcón como mejores ejemplos. En ambos ya ganaba el rival y la necesidad tiró de los blanquiazules, circunstancia que se ha repetido en diez de sus trece partidos oficiales.

El dato representa que, como sucedió ante el Numancia, el Tenerife no sale a competir como debería. "No hacemos cosas que están a nuestro alcance. Parece que estamos esperando a que suceda algo para reaccionar", admitió el técnico tras la enésima puesta en escena deficiente.

Protegidos con una defensa de cinco y un once con solo dos futbolistas de perfil ofensivo, los insulares parecen conformarse con sobrevivir. Ni agresividad en las disputas ni paso adelante para manejar los partidos. Así se ha visto a merced del rival en Córdoba, Zaragoza, Mallorca o Soria. La iniciativa, aunque con guiones distintos, siempre fue para el equipo de casa, que tampoco se sintió especialmente incomodado. "Hemos vuelto a dar un paso atrás por la forma de competir, por la imagen y por la derrota", lamentaba un Oltra preocupado por la falta de personalidad de sus jugadores y la ausencia de liderazgo.

El debate del dibujo táctico también parece ya perdido para el técnico. El equipo se siente más liberado con cuatro en el fondo y más gente por delante del balón. Es ahí, cuando se descubre y obliga a sus defensores a asumir mayores responsabilidades, cuando llegan las mejores sensaciones. No pocos observadores apuntan a la naturaleza de sus carrileros como principal defecto. En la mayoría de equipos que usan con éxito la zaga de cinco (Betis, Girona, Hoffenheim...), son extremos reconvertidos quienes cubren los flancos.

Por si fuera poco, jugadores tan fiables como Bryan Acosta no encuentran su sitio. Fuera de la media punta, donde brilló con Etxeberria, sus apariciones son cada vez más intermitentes. Y su aportación defensiva, deficitaria. Luis Milla, el más brillante con balón, pasa demasiado tiempo sin él y Undabarrena no equilibra como puede y se le reclama.

El capítulo realizador tampoco ayuda. El Tenerife genera ocasiones (sobre todo cuando ya pierde), pero carece de puntería y suerte. Los dos fichajes estrellas en esta faceta, Nano y Naranjo, andan lejos de su mejor versión. Y Oltra ha preferido adaptar a Suso antes de entregarse al talento de Malbasic, ahora por fin titular. Queda, por tanto, mucho por hacer en un equipo que no compite con regularidad. Entre otras cosas, apagar debates como el de la portería.