Elecciones
ANTONIO ALAMINOS, CATEDRÁTICO DE SOCIOLOGÍA

"La participación y los errores de los líderes decidirán el 28-A"

Pere Rostoll
13/abr/19 6:44 AM
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Pere Rostoll

En su primera entrevista desde que dejó el mes pasado la dirección del departamento encargado de la elaboración de encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el profesor Antonio Alaminos repasa las claves de un proceso, asegura, inédito y apasionante.

¿Cómo es, a grandes trazos, el decorado con el que se afrontan estas elecciones generales?

Creo que va a salir la configuración de un nuevo sistema: electorados, relación de fuerzas del sistema de partidos... Son unas elecciones muy importantes y decisivas. Suponen la foto-finish de una etapa y la parrilla de salida de la nueva.

¿Por qué finaliza una etapa? Acaba un clima diferencial. Hasta 2011, estimar lo que iba a pasar en unas elecciones era algo simple y sencillo. Era muy raro pensar que un votante del PP se iba a transferir a los socialistas. O al revés. En el resultado influía la participación. Controlando eso, era relativamente fácil ver lo que estaba ocurriendo. Era cuestión de tendencias salvo algún impacto concreto difícil de controlar. Ese clima cambia con la aparición de Podemos, de Ciudadanos, la crisis económica... Y pasamos a hablar de dinámicas. Empezamos a mirar la posibilidad de que un elector pueda acabar situándose en un espacio u otro y de su posición ideológica.

¿Por eso entonces fallan tanto las encuestas electorales?

Antes los electorados eran estancos con huecos en el centro por los que se colaba alguna opción. Ahora están entrelazados. Todos tienen electores en común. Los tuyos y compartidos con transferencias potenciales. Entre Podemos y los socialistas. Hubo un tiempo que también entre el PSOE y Ciudadanos, aunque creo que ya menos. Rivera se alimenta del PP. Vox del PP y de Ciudadanos. No hay electores netos. Vienen de un sitio y suponemos que van hacia otro lado pero eso no significa que hayan llegado... Son estados potenciales y no se deciden hasta que un partido cambia de perfil. Ejemplo: la foto de la Plaza de Colón. Hay que ponderar no sobre el recuerdo de voto sino en función de esa volatilidad. Es lo que hace que ahora las campañas sean tan importantes. Nadie está en su sitio. Y puede variar en función de lo que pase en campaña con cada partido. Están inestables.

¿Quedan las autonómicas con el avance electoral diluidas o insertas en las generales?

Sí. El efecto de la convocatoria simultánea de las dos elecciones es que los perfiles autonómicos quedan diluidos dentro de esa contienda de las generales, que se plantea en unos términos ideológicos diferentes a los que se hubieran desarrollado en unos comicios autonómicos individualizados. Eso refuerza las opciones de unos y atenúa las de otros.

¿Hasta qué punto, por tanto, la movilización es decisiva para el resultado de estas elecciones?

Es clave. No sólo es cuestión de las transferencias sino que el peso de cada uno en el resultado dependerá de la movilización que, normalmente, se produce con electores que tienen su papeleta muy clara. Eso relativiza la volatilidad del voto, consolida espacios y reduce el impacto de los partidos más pequeños. Ejemplo: con más participación en Andalucía, el efecto de Vox sería menor.

¿Y una alta participación en estos comicios del 28-A le acabaría favoreciendo a la izquierda?

Ahora mismo, la movilización favorece a la izquierda.

Una participación que tiene incidencia en otro elemento clave: la volatilidad de los electores...

Por eso ganan tanto peso las campañas electorales. Si cometes un error grave, se modifica toda tu imagen y la relación con los electores. Y eso le está ocurriendo, por ejemplo, mucho al bloque de la derecha. Están tomando decisiones que están cambiando su imagen de partido y eso les acaba alejando electores. En la izquierda, por contra, tienen posiciones mucho más estables. La volatilidad tiene que ver más con la acción de los partidos y de sus líderes. Por eso la radicalidad de Casado o las cosas que hace Albert Rivera tienen más impacto de lo que ellos creen.

¿Y dentro del valor que ahora tienen las campañas electorales, la última semana es tan decisiva como se está apuntando?

Claro. Hay transferencias entre partidos y eso hace el escenario volátil. Por eso es tan determinante la última semana. Hay un buen número de electores sin decantarse y esa duda permanece casi hasta el final.

Entonces todo ese volumen de indecisos es determinante...

Efectivamente. Los porcentajes de gente que duda son altísimos.

Así que la participación mezclado con los indecisos y la última semana de campaña decidirá...

Sí. La campaña y aquello que hacen los líderes junto a lo que trasladan como comunicación política. Esta campaña va a ser determinante para todos. Pero para algunos más...

¿Para quién?

Para aquellos que se juegan más transferencias. Por ejemplo, Ciudadanos con votos hacia Vox y al PP. Y también del PP hacia los otros dos. La izquierda parece más estable.

¿Eso significa que, en estos momentos, hay mucho voto oculto?

No es oculto. Insisto: hay un volumen de gente muy grande que aún no sabe lo que hará con su voto.

Hablando de una campaña decisiva. ¿Sigue la caza de votos en la calle o está en las redes y en Internet?

Hay quien dice que sí. Yo tengo dudas. Al margen de las noticias falsas, las redes tienen sus limitaciones. Tienen un potencial negativo de distorsión o de deterioro de los líderes muy grande. Y en positivo es más limitado. No tengo claro que un candidato vaya a decir algo en las redes que mejore su percepción sobre él.

¿Nos encaminamos hacia un sistema de bloques ideológicos?

Ya existían. Nadie pensó en los momentos de máxima crisis en una gran coalición como en Alemania. Es ideológicamente imposible que gobiernen los socialistas con el PP. Jamás harán ese pacto entre los dos.

¿En ese escenario es más previsible que Pedro Sánchez resista o que las tres marcas de la derecha puedan sumar en toda España?

La derecha, a día de hoy, suma cero a lo que tiene: lo que gana uno, lo pierde el otro. Eso les deja en una situación complicada. Les exigiría una estrategia conjunta, que es lo que han intentado Pablo Casado y Albert Rivera. Cuando no sumas porque se reparten los votos que ya había, hay que buscar una cooperación para minimizar los daños. Es imposible ya. Y se han metido en una pequeña trampa. No se pueden atacar porque se debilitan electoralmente pero a la vez necesitan diferenciarse.

¿Hasta dónde puede llegar ese efecto Vox que, desde las elecciones andaluzas, ha cambiado por completo el tablero político?

Dependerá de la participación. Eso le dará su dimensión real. El electorado de Vox ya estaba en el tablero. Sólo tiene un tercio de votantes propios. Del resto, como se desprende del análisis de los barómetros del CIS, dos tercios proceden del PP y otra parte viene desde Ciudadanos que, en este caso, se podría atenuar con discursos más agresivos de Vox.

¿Y le afecta a la izquierda?

Esto es lo que marca la diferencia. La izquierda depende de ellos mismos. De no cometer errores. Y la derecha depende de como se muevan entre ellos mismos. De entre ellos. Saben que se reparten los votos pero, a la vez, se necesitan para una coalición. Eso es muy difícil de defender.

¿Hasta dónde caerá Podemos? ¿Se ha quedado en una refundación de Izquierda Unida?

Es muy curioso. Parecía que Podemos se iba a comer a Izquierda Unida pero ahora es ese el único proyecto que permanece vivo dentro de Podemos. La oportunidad política ya la tuvo Pablo Iglesias en el año 2015 y, desde luego, la perdió.

ANTONIO ALAMINOS, CATEDRÁTICO DE SOCIOLOGÍA