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Sobre seguros

4/dic/08 7:20 AM
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DESDE QUE EN 1888 Bertha Benz, esposa de Kart Benz, le toma "prestado" sin su autorización el automóvil que éste había construido e inicia junto a sus dos hijos un recorrido de 106 kilómetros, no sólo se convirtió en la primera persona en realizar un viaje de larga distancia, puesto que también con esa proeza dará origen a un cambio radical de las costumbre en muy poco tiempo.

La proliferación de nuevas marcas ya en el inicio del siglo XX es más que notoria. La competencia entre ellas obliga a mejorar las prestaciones de sus coches e indirectamente a incrementar su presencia por todas las ciudades. La alarma e inseguridad que producían estos nuevos artefactos asustando a las caballerías, se contagiaba muchas veces a los peatones que recelaban cada vez más de estos artilugios. Hubo países europeos, como Inglaterra, que obligaban a sus conductores a que, cada vez que circularan, fueran precedidos de un hombre con una bandera roja para avisar del peligro. Ya por lo que se ve desde esa fecha se pensaba seriamente en la seguridad y prevención, aunque, eso sí, de un modo bastante arcaico e incómodo.

Pero más antiguo que el recién nacido "coche-automóvil" eran las compañías de seguros y por tanto no nos sorprende que, entre el gran valor que representaba ser propietario de un automóvil y el riesgo que conllevaba su manejo, se especializarán en asegurar tan preciado bien. Los primeros seguros prestaban más atención al propio ejemplar que a los daños que pudiera causar a terceros, puesto que éstos se resolvían de una manera amistosa entre el solvente propietario del auto y el perjudicado. En años venideros las condiciones de las pólizas fueron ampliándose en cobertura a medida que la experiencia señalaba que era necesario cubrir con garantías los daños por choques, atropellos etc... los cuales desgraciadamente aumentaban en proporción al número de vehículos. Muchas fueron las compañías dedicadas a esta actividad, pero por el estrecho lazo que mantenía con el automóvil y la protección al automovilista, merece ser destacado el "Real Automóvil Club de España", quien por los años 1920 poseía la Compañía Aseguradora Omnia, entidad que disponía de una póliza especial para Coches Automóviles de Turismo. Por una cantidad de 229,20 pesetas/anuales cubría los riesgos de incendio por accidente, explosión externa o el rayo, valor del automóvil, y 10.000,00 pesetas en concepto de responsabilidad civil.

De la eficacia y tranquilidad que daba a los automovilistas estar asegurados la encontramos en la carta aquí reproducida. La misma está firmada por el Sr. Don Policarpo Mascareño Hernández y en el año reseñado este señor era propietario de los camiones TF-2113 "A.S." y TF-3017 "Manchester" además del automóvil TF-2145 "Renault". Al no hacer referencia en la citada misiva a qué vehículo se refiere, pero sí aludir a "su automóvil", deducimos que muy bien pudiera tratarse del "Renault". Fuera cual fuera el vehículo que se le prendió fuego, el buen y rápido arreglo por parte de la "Plus Ultra", lo hizo público en señal de agradecimiento.

En los años 1950 las compañías aseguradoras cubrían muchas eventualidades tanto a los propietarios de automóviles como a choferes, incluso se llegaban a cubrir mediante un suplemento los gastos y defensa en casos de responsabilidad criminal. Para los automovilistas más inquietos o aventureros que salían de viaje al exterior, mediante un suplemento se les garantizaba las mismas coberturas que en España. Ya para entonces la prima anual por una póliza de automóvil costaba de promedio unas 140,00 pesetas.

Hasta aquí todo había sido prevención voluntaria, puesto que en el mes de diciembre de 1962 se implanta, como ya venía siendo habitual en algunos países europeos, el Seguro Obligatorio de Automóviles, quedando así regulado de modo unitario todos los daños causados por accidentes de tráfico.

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