La Laguna

Un siglo de oro

Los orígenes del Casino de La Laguna se remontan a 1899, año desde el que ha desarrollado una encomiable labor cultural que reconoce mañana el ayuntamiento entregándole la Medalla de la ciudad.
D. BARBUZANO, La Laguna
16/feb/05 14:53 PM
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D. BARBUZANO, La Laguna

El Casino de La Laguna recibirá mañana, a las 20:00 horas, en el salón de sesiones del ayuntamiento, la Medalla de Oro de la ciudad en el transcurso de un acto en el que intervendrán la alcaldesa, Ana Oramas, y el presidente de la histórica sociedad, Juan Antonio Ossuna Torres.

El Casino de La Laguna ha recorrido 105 años de historia, compartiendo los momentos gloriosos y las penas de la ciudad y ennobleciendo a Aguere con su participación en las fiestas más destacadas y en actividades artísticas y literarias.

En sus diferentes sedes, los caballeros del ayer encontraron una salida a la soledad, al participar en juegos de azar como la ruleta, e in-cluso fomentaron la amistad al unirse en amenas tertulias, cuyas opiniones fueron consideradas a la hora de decidir los proyectos de infraestructura o al abordar cuestiones de mejora sobre el futuro de la ciudad.

La categoría social e intelectual de la sociedad siempre formará parte del acontecer histórico lagunero, pues cada mañana, durante estos 105 años, ha forjado los sueños más hermosos de vigorización de las relaciones y de exaltación insular y regional, tal y como destaca su reglamento.

Pero quienes en verdad han dado vida y prestigio al Casino han sido sus miembros fundadores y socios que, como ángeles tutelares, entregaron una buena parte de sus vidas a robustecer los vínculos sociales. Y lo hicieron -aún hoy se conserva- con elegancia y cariño, que es como mejor pueden abordarse las iniciativas.

El historiador José Rodríguez Moure destaca que "es un Casino honesto, donde se hace tertulia, se leen periódicos, se juegan a los lícitos y a las damas de color cuando el tiempo está sereno y se puede atravesar la calle sin temor a mojarse los pies".

Con sus ilustres apellidos, como Renshaw Perozo, Ascanio y Nieves, Tabares Bartlett, Olivera, Salazar o ese Ossuna presente desde los comienzos hasta la actualidad, los presidentes supieron llevar a buen rumbo una sociedad que, con frecuencia, se enfrentó a las tempestades de la incomprensión, al poco apoyo y a la falta de recursos.

Ayuda a los necesitados

El Casino sirvió de marco para ayudar a las personas más pobres de la ciudad, e incluso a órdenes religiosas, como es el caso del puesto de dulces y refrescos que se abrió el domingo 10 de junio de 1951, a las 9 de la mañana, a beneficio de la Venerable Orden Tercera Franciscana, con el fin de socorrer a las monjas de clausura del convento de Santa Clara. Las damas de la Junta de Caridad siempre serán recordadas por su entrega a beneficio de los más necesitados a través de la venta de sabrosas y finas especialidades reposteras.

Entre los diferentes sentimientos que impregnaron el Casino, el regionalista fue defendido por hombres vinculados a dicha sociedad como Manuel de Ossuna Van den Heede, quien afirmaba que "hay conexiones del alma con todas las bellezas que forman una multitud de afectos íntimos ligados a la región en que se ha nacido y en la que se ha vivido, a su ambiente, a sus recuerdos y a sus tradiciones y leyendas".

Y para hacer región, nada mejor que la decisión que tomó el Casino en 1929 de abrir sus puertas para mostrar el quehacer artesanal de la localidad palmera de El Paso antes de su posterior difusión en una exposición en Sevilla, o la ayuda económica a las islas de Fuerteventura y Lanzarote cuando pidieron en 1902 ser socorridas.

Los orígenes del Casino se remontan al 22 de abril de 1899, día en que tuvo lugar una reunión en la casa de José Tabares García a la que asistieron Pedro Colombo, Amaro Cambreleng, Juan de Ossuna, Juan Ascanio, Ramón Ascanio, Manuel de Ossuna y Ernesto León Huerta. El motivo que les había congregado era fundar en la ciudad un círculo de recreo, que contó con una directiva provisional, nombrada con anterioridad y presidida por José Tabares. El primero de los acuerdos adoptados fue aprobar el reglamento, presentado por Juan Ascanio, para regir los destinos futuros. La primera junta directiva la presidió Miguel Renshaw Perozo.

El principal problema que se encontraron los fundadores en los comienzos del Casino fue la falta de recursos económicos para adquirir muebles y enseres, situación a la que se le hizo frente autorizando al presidente que tomara a préstamo, con o sin interés, la cantidad de 1.000 a 1.500 pesetas con la garantía de los socios. El primer conserje del Casino lo nombró el presidente accidental Juan de Ossuna y se llamó Domingo Hernández, cuyo sueldo se elevó a 50 pesetas. Juan de Ossuna renunció muy pronto a su cargo de vicepresidente, debido a que no disponía de tiempo por sus múltiples ocupaciones y por tener que ausentarse de La Laguna. La junta directiva, según consta en el Libro de Actas, le dio "un voto de gracia por su buen deseo y esfuerzos hechos en la instalación y prosperidad de esta sociedad".

Los juegos de cartas ya existían recién creado el Casino, pues en la segunda reunión de la junta directiva figura un acuerdo para hacer una plantilla de la cuota que, por el referido juego, debía cobrar el conserje.

El 28 de octubre de 1899, a las diez de la noche, en el hotel Aguere, tuvo lugar un baile dedicado al marqués de Villasegura y al doctor Alart por la influencia que ejercieron en las obras del tranvía, y fueron nombrados Socios de Mérito del Casino.

Gabinete de Lectura

Otros hechos relevantes del primer año de gestión del Casino fue la creación del Gabinete de Lectura, acordándose el 3 de noviembre suscribirse al semanario literario peninsular "Alrededor del mundo". Para ampliar los fondos de la biblioteca se pidió a los socios que donaran alguna obra literaria o científica.

Mientras, Juan de León Huerta representó al Casino en Las Palmas con motivo de la celebración en dicha isla de la junta magna para tratar el tema de los puertos francos.

El Casino siempre estuvo presente en los grandes acontecimientos de la ciudad, como en la visita del rey Alfonso XIII en 1906, contribuyendo a la solemnidad de los actos con su servidumbre, prestando muebles y enseres y adornando la fachada de la sede con colgaduras especiales.

La historia del Casino se inició con 11 socios que, a finales de 1899, se incrementaron hasta alcanzar la cifra de 30. En 1902 ya tenía 149 socios, entre los que figuraban nombres relevantes como Benito Pérez Armas, que ingresó el 4 de enero de 1920.

Es de destacar que varios alcaldes de La Laguna ocuparon cargos de directivos del Casino como, por ejemplo, Lucas Vega Padrón, Juan Ascanio y Nieves, Ángel Benítez de Lugo y Cólogan, José Tabares Bartlett, José de Buergo y Oráa, Andrés de Lorenzo Cáceres y Ángel Benítez de Lugo.

El Casino enriquece desde antaño celebraciones importantes como la Romería de San Benito o el Corpus y presta sus salones para actos culturales de relevancia. Una sociedad que se ha calificado como una tribuna abierta a toda ideología, un remanso de cultura y una permanente lección de convivencia y de ciudadanía que ha sabido resistir toda clase de problemas.