Tenerife Norte
LA RANILLA HERZOG

Don Marcos Brito: su último pleno

V
21/oct/14 1:23 AM
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Vino de la Isla del Meridiano para servir al Puerto de la Cruz hasta su último aliento, sin escatimar horas al ideal que trazó toda su trayectoria humana, profesional y política y que le supusieron no pocos sacrificios y renuncias infinitamente pequeñas en comparación con el cariño que despertó en quienes veíamos en él a un referente de la vida pública, con sus aciertos y errores, con sus luces y sombras. Don Marcos Brito nos dejó en el ecuador de octubre, cuando el verano anidaba aún en este otoño cálido que barrunta inestable y abrupto. Quizás sin pretenderlo dignificó, a su manera, el complicado arte y oficio de la política, tan denostada y controvertida en estos tiempos, supo imprimir carácter a todas sus actuaciones en su dilatada vida institucional, dejando una huella personal indeleble como regidor de la cosa pública en la transición del antiguo régimen a la democracia en la década de los años setenta del pasado siglo, que culminaría con la inauguración del complejo de Martiánez, tras haber tomado el testigo de su antecesor Antonio Castro, y en pleno tránsito hacia la consolidación democrática municipal optó por un paréntesis en su quehacer político, para retomar la senda ocho años más tarde como líder local de la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI), embrión de Coalición Canaria. Volvió a empezar, casi de cero, en las elecciones municipales de 1987 en las que su formación política obtuvo cuatro concejales y donde se estrenó como portavoz en la oposición, aunque con el bagaje de la experiencia adquirida previamente en la acción de gobierno en la Corporación y en el conocimiento exhaustivo de la realidad socioeconómica de la ciudad turística, de sus necesidades, retos y aspiraciones y, sobre todo de las generaciones de alumnos a las que formó en calidad de catedrático de instituto. Una impronta marcada en el amor, entrega y entusiasmo a todo lo que emprendía y realizaba desde la docencia hasta la acción política sin más interés que el deber cumplido, pero no siempre comprendido ni aceptado por sus adversarios ya fuera en la oposición ya fuera en la Alcaldía a la que siempre accedió en virtud de mociones de censura y pactos de gobiernos en los que fueron removido del cargo los alcaldes socialistas Salvador García (1995) y Lola Padrón (2009) y acuerdo con el PP tras los comicios de 2011, en la época democrática, y por nombramiento en la etapa preconstitucional.

Su visión de futuro tropezó con su excesiva prudencia institucional en asuntos clave como el proyectado muelle deportivo, pesquero y comercial, que, desgraciadamente, no logró; la culminación del ciclo integral del agua, pese a que se le debe a él y su equipo de gobierno la puesta en marcha de la estación depuradora de Punta Brava emprendida en el mandado del alcalde socialista Félix Real como una ambiciosa aportación al plan de saneamiento del Valle de La Orotava ahora estancado. A él le tocó deshacer determinados entuertos de administraciones precedentes como la prácticamente quebrada economía municipal acuciada por su alto endeudamiento arrastrado desde décadas, mediante políticas de ahorro, austeridad y ajustes, especialmente, en 2010, y el derribo de las cafeterías de Martiánez, proyecto que se ejecutó en su mandato, previa demolición del entrañable Columbus que se acometió en su mandato, siendo primer teniente de alcalde y edil de Urbanismo, Antonio Castro. ¿Quién le iba a decir que por designios del destino o del engranaje político compartiría gestión primero con Antonio Castro, su predecesor, y Antonio Castro (junior). Ni que decir la remodelación del complejo turístico de Martiánez y traslado del Casino Taoro y la recepción definitiva de la restaurada sede de la Cofradía de Pescadores. En el tintero quedaron apuntes relevantes para la ciudad como la construcción de la nueva estación de guaguas y la construcción del parque marítimo municipal o la recuperación para la ciudad del hotel Taoro. En este último año tuvo que afrontar la contestación de parte de la sociedad portuense al proyecto de rehabilitación y modernización del paseo de San Telmo.

Don Marcos Brito vivía por y para el Puerto de la Cruz a pleno rendimiento, las 24 horas del día, salvo el tiempo del preciso y merecido descanso, no siempre conciliado. A título personal recuerdo mi relación profesional con el alcalde y amigo, con la persona que sabía respetar los tiempos y los espacios delimitados por diferentes oficios como el suyo de la gestión pública y el mío, modestamente, de la comunicación y del periodismo. Desde 1987 hasta 2011 compartimos amistad y mesas de trabajo en su despacho y en la oficina del periódico EL DÍA del Puerto de la Cruz, del que me honro haber servido durante décadas. También tuve el honor, al igual que otros colegas de profesión, de compartir mesa y mantel en acontecimientos destacados.

Muchos domingos por la mañana nos llamábamos por teléfono para bajar juntos en su coche a la oficina del periódico para que nos adelantara alguna noticia de la ciudad o para hablar largo y tendido sobre sus proyectos y actividades públicas inmediatas. A don Marcos no se le caían los anillos a la hora de acudir a la delegación de EL DÍA a formular unas declaraciones o realizar una entrevista, siempre estaba solícito a cualquier petición o reclamo, o para contrastar informaciones que les eran adversas o que cuestionaban sus decisiones en diversos ámbitos.

Siempre recodaré los interminables plenos ordinarios de la Corporación que debía dejar sobre las nueve de la noche para poder redactar la crónica del día siguiente, porque los asuntos se debatían hasta la saciedad y porque no había control de los turnos de exposición y de réplicas y contra réplicas o las sesiones a primera hora de la mañana no tan densas como las vespertinas. Pero tal vez no olvide nunca, su última sesión plenaria en la que toda la Corporación y el sentir del Puerto de la Cruz arropaban en silencio, musitando una oración, en el murmullo inevitable, o simplemente llorando a su querido alcalde-presidente. Nunca le faltó una sonrisa, un tono afable, pero tampoco un ímpetu enérgico y contundente cuando algo excedía de su tolerancia. D-s lo bendiga y lo guarde donde quiera que esté.

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