Santa Cruz de Tenerife

Nena despacha su último dulce

Tras 54 años en la calle Bethencourt y Molina, la dulcería La Concepción se despide hoy de sus clientes. Nena y Elías se jubilan y ponen fin así a tres generaciones de pasteleros con origen gaditano.
El Día
3/jul/16 6:34 AM
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N o existen las despedidas dulces, aunque tengan como protagonista a una familia de pasteleros. Las lágrimas de sus clientes así lo atestiguan desde hace días.

La dulcería La Concepción pone hoy punto y final a una actividad que se prolonga desde hace 54 años en un pequeño local de la calle Bethencourt y Molina, en el entorno del Mercado Nuestra Señora de África.

"Te vamos a echar de menos". Esa ha sido una de las expresiones más repetidas estos días por parte de quienes, aún incrédulos, no acababan de encajar el golpe. Y no han sido pocos.

Magdalena Peña "Nena" y Elías García cierran una generación de pasteleros, con origen gaditano, que a finales de los años 20 del siglo pasado sembraron una semilla en Santa Cruz que no ha parado de dar sus frutos. O mejor, sus dulces.

Y es que la historia de La Concepción no se entiende sin en el empeño de los abuelos de Nena, Juan (camarero de trasatlánticos) y Magdalena. Ellos fueron los fundadores de un pequeño negocio, hace 86 años, que evolucionó hasta convertirse en un referente.

El germen de La Concepción -su nombre da pistas- está en la iglesia del mismo nombre de la capital, a cuya vera vivieron Juan y Magdalena tras decidir, definitivamente, cambiar su Cádiz natal por una, por entonces, creciente y pujante Santa Cruz. Sobre todo su puerto.

En un local del entorno comenzaron a elaborar sus primeros dulces. Sus principales clientes eran los visitantes del antiguo hospital civil y los usuarios del puerto capitalino. Hasta allí se desplazaba el abuelo Juan con un carrito que, con el paso del tiempo, se convertiría en un símbolo de esa parte de la ciudad. Luego el negocio se iría apuntalando con la venta de sus dulces en bares y cafeterías.

Así se mantuvo y creció la dulcería durante treinta años, tiempo en el que se sumaron a él los padres de Nena, Gaspar y Olga, y su tío Eduardo. Con ellos llegó el traslado. Sin perder la esencia del carrito, que empujaban cada día desde la iglesia de La Concepción hasta el nuevo local de Bethencourt y Molina -se eliminó cuando el Ayuntamiento de Santa Cruz ordenó la creación de los quioscos-, la dulcería comenzó un nuevo camino. Era el año 1962.

A partir de entonces, mucho esfuerzo y dedicación a un negocio que vivió su segundo cambio generacional. Primero con Isabel, la hermana de Nena, en el mostrador -hasta que se casó-, luego con Olga, y más tarde ella misma dando la cara al público, La Concepción no ha parado de endulzar paladares. Mientras tanto, en la trastienda le tocaba el trabajo a sus padres, primero, y a Elías, su marido, después. Todo un equipo al que se ha sumado, desde otro ámbito, su hermano Gaspar. "Todos han colaborado", reconoce.

"Este es un trabajo muy sacrificado", enfatiza Nena, al mismo tiempo que unta con crema (el pasado jueves) uno de los característicos bollos que han hecho famosa a la dulcería y que, durante años, ayudaron también a que muchos niños pudieran sacarse algún ahorrito para sus viajes de fin de curso.

Y lo hace como si fuera la primera vez. Es más, se justifica con cierta tristeza cuando una de las clientas le pregunta por lo vacías que están las estanterías.

La misma pena que transmite cuando se le pregunta por el futuro del negocio. "Mis hijos no siguen. Todos tienen sus trabajos. Esto es muy sacrificado", repite. Eso sí, deja claro que no son pocos los que se han mostrado interesados en continuar con la pastelería. "Pero hasta ahora no se ha podido cerrar un acuerdo", aclara.

Mientras esto ocurre, y como paradoja de la evolución de la ciudad, justo al lado de lo que será, desde hoy, un recuerdo de La Concepción desarrolla su actividad otro establecimiento de comida rápida, pero este con diseño moderno y nombre anglosajón. Y sin Nena en el mostrador.

Sirva como ejemplo del cariño que le tiene su clientela uno de los muchos mensajes que le han ido dejando en un libro de citas preparado para la ocasión: "Un ejemplo de buen hacer y honradez en la vida. Lección para la actual general y venideras".

¿Y a partir de mañana, qué? "Vivir la vida. Disfrutar de mis hijos y de mis nietos, que no hemos podido hacerlo". Así de simple; así de dulce.

Carta de sus tres hijos

Los hijos de Nena y Elías no quisieron faltar al último día de trabajo de sus padres. Y como recuerdo, esta carta que se reproduce íntegramente:

"A ustedes padres, que os habéis dejado la vida en el empeño por sacar adelante un negocio histórico y para que a vuestra familia no le faltara de nada, hoy que llegáis a una más que merecida jubilación, queremos agradeceros:

A ti mamá, por ser esa madre ejemplar dispuesta a ayudarnos siempre y a no dejarnos caer nunca. Por apoyarnos en todo, por darnos siempre ese cariño cuando las cosas no van bien y solucionar todo simplemente con un beso y un abrazo y por ser la mejor abuela.

A ti padre, por enseñarnos el camino a seguir y ayudarnos en todo momento. Por ser la voz cantante en nuestra familia, porque aunque no lo demuestres sabemos que siempre estás ahí.

Es un orgullo para nosotros pasear por el mercado o por cualquier esquina del barrio de El Cabo y decir que somos hijos de Elías y Nena y ver la sonrisa en la cara de la gente. Nos tiembla el corazón al ver las lágrimas de tristeza y cariño con que los vecinos os despiden al enterarse que se cierra la dulcería de su barrio. Somos lo que somos, gracias a ustedes, les debemos la vida. Mil gracias por todo Padres".