Santa Cruz de Tenerife
A BABOR FRANCISCO POMARES

Un paso (colectivo) hacia el abismo

28/feb/17 06:16
Edición impresa

Cada día Trump nos sorprende con un nuevo anuncio atrabiliario, con más medidas histéricas, más soluciones aventureras, en las que sólo parecen creer él y su corte de aguerridos asesores, oportunistas ideológicos, radicales derechistas y colegas multimillonarios, bussinesmen de la vieja economía. Sin embargo, en el Partido Republicano sólo se escuchan un par de voces críticas ante este cúmulo de propuestas desquiciadas, ocurrencias de barra de bar y políticas que nada tienen que ver con la tradición conservadora. Trump alimenta su retórica en una mezcla de tópicos rancios, enciclopédica ignorancia, desprecio a las reglas del juego y populismo fascista. Sin embargo, no hay nada nuevo en sus palabras, nada distinto a lo que prometió en campaña electoral, nada diferente a lo que votaron alegremente cincuenta millones de compatriotas suyos.

Dijo que construiría un muro en la frontera sur, y eso es lo que piensa hacer. En parte, claro: el muro ya está construido en ese tercio de la frontera que es transitable a pie o en automóvil. El resto del terreno es básicamente infranqueable. De los once millones de inmigrantes ilegales que viven en territorio de los Estados Unidos, más de la mitad entraron legalmente por los aeropuertos, con visas turísticas al corriente, y después decidieron no volver a salir. Un tercio de los que trabajan sin autorización en el país llegaron a él sorteando las fronteras terrestres. Quienes han entrado por el país atravesando el desierto, cruzando el mar o el Río Grande, escalando montañas, colándose por las grietas entre los muros que hoy existen, o metiéndose en los pantanales, son apenas una mínima minoría del total. Trump se gastará una fortuna en su muro, pero tendrá que crear un estado policial para poder sacar del país a once millones de personas y evitar que entren millones más a sustituirlos. En los dos últimos años de la administración Obama fueron devueltos a México casi dos millones de inmigrantes sin papeles, sin que disminuyera el número de residentes ilegales. El muro será inútil.

Trump dijo que cambiaría la economía, y lo está haciendo. Ha proclamado un programa idéntico al de la Alemania nazi, basado en rechazo al libre comercio, autarquía, gigantescas obras públicas, reducción del mercado de trabajo, y gasto militar sin precedentes. Y quiere llevar a cabo ese programa incumpliendo los tratados comerciales, levantando muros, deportando mano de obra y gastando más dinero en el ejército. Ayer anuncio un incremento salvaje del gasto militar, del diez por ciento, 54.000 millones de dólares más para 2018, con el objetivo de que "Estados Unidos pueda ganar las guerras del futuro. Para financiar ese gigantesco impulso militar, aplaudido por la vieja industria del petróleo, el carbón y el acero, por la vieja economía, Trump tirará de una reducción radical del gasto federal en medio ambiente, ayuda externa y programas de asistencia social a los colectivos más marginados y empobrecidos. Para preparar a Estados Unidos para nuevas guerras contra nuevos enemigos.

Donald Trump parece decidido a colocar Estados Unidos y el planeta al borde mismo del abismo y dar luego un gran paso adelante, un paso en dirección al colapso económico, el conflicto militar y el sufrimiento y la desgracia de millones de personas. Y mientras todo eso ocurre ante el silencio cómplice de jefes de estado y de gobierno, de líderes políticos, sociales, económicos y religiosos, la noticia que hoy conmueve al mundo es que alguien se equivocó de sobre al leer el nombre de la peli premiada en los Oscar.

Nos merecemos a Trump. Y no sólo los 50 millones que le votaron. Todos nos lo estamos ganando a pulso.